Un espacio de mutua-ayuda para Padres que hemos sufrido la pérdida de uno o más hijos. Te invitamos a compartir experiencias,reflexiones y fortalezas.
"BIENVENIDO"
No es fácil decir estas palabras:
BIENVENIDO (A) GRACIAS POR SU VISITA.
Sabemos que si nos visitas es porque compartimos el mismo duelo: La partida de un hijo (a) (s).
ESTE ESPACIO FUE CREADO COMO UN LEGADO DE AMOR y ES PARA COMPARTIR "Un Proceso para la Transformación del Dolor en Crecimiento Existencial".
PEDIMOS AL CREADOR QUE ALGUNA DE LAS PALABRAS QUE LEAN, EN ÉSTE, LES AYUDE Y LES DE ALIENTO PARA CONTINUAR:
" AMIGA (O) DEL CAMINO, UN ÁNGEL NOS UNE".
BIENVENIDO (A) GRACIAS POR SU VISITA.
Sabemos que si nos visitas es porque compartimos el mismo duelo: La partida de un hijo (a) (s).
ESTE ESPACIO FUE CREADO COMO UN LEGADO DE AMOR y ES PARA COMPARTIR "Un Proceso para la Transformación del Dolor en Crecimiento Existencial".
PEDIMOS AL CREADOR QUE ALGUNA DE LAS PALABRAS QUE LEAN, EN ÉSTE, LES AYUDE Y LES DE ALIENTO PARA CONTINUAR:
" AMIGA (O) DEL CAMINO, UN ÁNGEL NOS UNE".
(Si tienen algún comentario, les invitamos a realizarlo, en la parte de los comentarios o en los foros, accediendo a través de los links)
A DONDE IR:
7 PASOS PARA LLEVAR UN PROCESO EN EL DUELO: Proceso de Duelo
https://sites.google.com/site/nuestroangelnosune/
Compartimos nuestros Testimonios y experiencias vividas: Compartiendo nos ayudamos mutuamente, ya que, como personas que estamos viviendo el duelo por la muerte de nuestro hijo (a). Es precisamente ayudando a un hermano que sufre donde se encuentra la respuesta. FORO - CHAT(REGISTRARSE/MIEMBROS):
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RECUERDOS FAMILIARES:
Foro para compartir nuestras experiencias
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miércoles, 21 de enero de 2015
miércoles, 23 de abril de 2014
Les prestaré a uno de mis hijos...
Les prestaré a uno de mis hijos...
El Señor dijo:
Les prestaré a uno de mis hijos durante algún tiempo, para que lo amen mientras viva y lo lloren cuando muera. Pueden ser seis o siete años, o veintidos o veintitres.
Pero ¿Podrán cuidarlo por mi hasta que yo lo vuelva a llamar?Les alegrará con sus encantos, pero su estancia será breve.
Tendrán sus hermosos recuerdos como consuelo para su dolor.
No puedo prometerles que se quedará, ya que todo lo de la tierraregresa.
He buscado por todo el mundo verdaderos maestros y, de las multitudes que llenan las filas de la vida, Yo los he elegido a ustedes.
Le darán todo su amor sin pensar en lo infructuoso del esfuerzo.
Tampoco me odien en el momento que vaya a llamarlo, a traerlo nuevamente conmigo.
He creído escucharles decir:"Querido Señor, hagase tu voluntad. Por toda la alegría que tu hijonos traerá, correremos el riesgo del sufrimiento.
Lo abrigaremos con ternura, lo amaremos mientras nos permitas y, por la felicidad que hemos conocido, siempre te estaremos agradecidos... Pero, si los ángeles lo llaman mucho antes de lo que deseamos, soportaremos la amarga pena y trataremos de entender"
"GRACIAS SEÑOR POR LA OPORTUNIDAD QUE TUVIMOS DE TENERLOEN NUESTROS BRAZOS, HABERLO PODIDO BESAR Y DECIRLE CUÁNTO LO QUEREMOS"
El " Por qué"...
El " Por qué" es una pregunta muy dificil de hacer porque no tiene respuesta... entonces se cambia a un "Para qué" ... para poder entenderte... para darte una mano amiga...para compartir el legado de Amor que ellos nos dejaron... Ellos son nuestros Ángeles que nos unen Amig@s del camino...
viernes, 2 de agosto de 2013
El cielo tiene otro ángel - Heaven Got Another Angel
Padres en Proceso de Duelo es un espacio para compartir sus experiencias vividas, para aportar en los foros, reflexiones y datos de qué es el Duelo. Te invitamos a colaborar y formar parte de esta comunidad de ayuda mutua, para Padres que están en Proceso de Duelo, por la pérdida de uno o más hijos(as).
miércoles, 30 de enero de 2013
La Verdadera Amistad
| 26 de enero de 2013 17:08 |
La Leyenda De La Verdadera Amistad "
Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida.
Intrigado, el amigo preguntó: ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió: Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.
Dice una linda leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida.
Intrigado, el amigo preguntó: ¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió: Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.
viernes, 26 de octubre de 2012
Las etapas - Paulo Coelho
Renacer - Boletín Nº 139
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto, cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo, por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito!,nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Paulo Coelho.
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida.
Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto, cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron.
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo, por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito!,nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Paulo Coelho.
¿Qué es el duelo?
Renacer - Boletín nº 138
Primero, es una lucha interna, entre una parte de mí, que atada a la realidad, acepta la perdida y, la otra que quiere retener, que no quiere soltar lo que ya no está.
Segundo, nos lleva a pensar en el engaño de todos los que nos han enseñado que podríamos conservar para siempre lo que amamos y, que sería eterno. O sea, que es un camino a recorrer con el dolor de lo perdido, con una gran guerra interior que no quiere aceptarlo y, estrellando la creencia de lo aprendido, ante la realidad de la muerte.
Ahora bien, la negación de la pérdida es un intento de autoprotección contra el dolor y contra la fantasía de sufrir.
La negación, es una especie de fuga, vano intento de huir de lo doloroso, de lo que pasó, no pasó. Por el contrario, el desvío hacia el sufrimiento, es la decisión de no seguir avanzando, donde nos apegamos al que se fue, haciendo crónico el dolor. Es apegarse al recuerdo para no dejar de llorarlo, creando una misteriosa lealtad con el ausente.
El sufrimiento es enfermo, porque nos volvemos adicto al malestar.
El sufrimiento es racional, aunque no inteligente, Induce a la parálisis, es ruidoso, exhibicionista, quiere permanecer y necesita testigos.
El dolor en cambio es silencioso, solitario, implica aceptación, estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó el ausente. El sufrimiento pregunta porqué, aunque sabe que no hay respuestas, para el dolor, se acabaron las preguntas.
Porque el dolor llena los espacios que dejó el que partió, nos acompaña, no es agradable, pero es preferible al vacío.
Por lo tanto, en el proceso del duelo aceptamos a despedir al que ya no está afuera, pero que vive dentro nuestro. Y cuando me doy cuenta de esto, puedo recuperar la alegría de estar vivo, porque esto significa que puedo sostener vivo a éste hijo que vive en mí.
Hay que inventarse una nueva vida, cada día, si es que decidimos soportar la pérdida y, esto es animarse a vivir el duelo, es permitirse padecer el dolor como parte del camino, hasta que éste se transforma en una DULCE AÑORANZA. Porque la muerte, no puede robarme, todo lo que de él sigue viviendo dentro mío.
DUELO.
¿Qué es el duelo? Sufrimiento o dolor
¿Qué es el duelo? Sufrimiento o dolor
Primero, es una lucha interna, entre una parte de mí, que atada a la realidad, acepta la perdida y, la otra que quiere retener, que no quiere soltar lo que ya no está.
Segundo, nos lleva a pensar en el engaño de todos los que nos han enseñado que podríamos conservar para siempre lo que amamos y, que sería eterno. O sea, que es un camino a recorrer con el dolor de lo perdido, con una gran guerra interior que no quiere aceptarlo y, estrellando la creencia de lo aprendido, ante la realidad de la muerte.
Ahora bien, la negación de la pérdida es un intento de autoprotección contra el dolor y contra la fantasía de sufrir.
La negación, es una especie de fuga, vano intento de huir de lo doloroso, de lo que pasó, no pasó. Por el contrario, el desvío hacia el sufrimiento, es la decisión de no seguir avanzando, donde nos apegamos al que se fue, haciendo crónico el dolor. Es apegarse al recuerdo para no dejar de llorarlo, creando una misteriosa lealtad con el ausente.
El sufrimiento es enfermo, porque nos volvemos adicto al malestar.
El sufrimiento es racional, aunque no inteligente, Induce a la parálisis, es ruidoso, exhibicionista, quiere permanecer y necesita testigos.
El dolor en cambio es silencioso, solitario, implica aceptación, estar en contacto con lo que sentimos, con la carencia y con el vacío que dejó el ausente. El sufrimiento pregunta porqué, aunque sabe que no hay respuestas, para el dolor, se acabaron las preguntas.
Porque el dolor llena los espacios que dejó el que partió, nos acompaña, no es agradable, pero es preferible al vacío.
Por lo tanto, en el proceso del duelo aceptamos a despedir al que ya no está afuera, pero que vive dentro nuestro. Y cuando me doy cuenta de esto, puedo recuperar la alegría de estar vivo, porque esto significa que puedo sostener vivo a éste hijo que vive en mí.
Hay que inventarse una nueva vida, cada día, si es que decidimos soportar la pérdida y, esto es animarse a vivir el duelo, es permitirse padecer el dolor como parte del camino, hasta que éste se transforma en una DULCE AÑORANZA. Porque la muerte, no puede robarme, todo lo que de él sigue viviendo dentro mío.
Como influyen los sentimientos negativos, el rencor y el perdón en nuestras vidas.
Renacer - Boletín nº 138
Ésta es una historia que nos lleva a reflexionar como influyen los sentimientos negativos, el rencor y el perdón en nuestras vidas.
El maestro les había pedido a sus discípulos que llevaran papas y una bolsa de plástico, nadie sabía lo que iban a hacer con ellas, solo les había adelantado que el tema a tratar iba a ser "Los sentimientos negativos, el resentimiento y el perdón".
Ya en clase, les hizo elegir una papa por cada sentimiento que limitara de alguna forma su vida cotidiana y una por cada persona por la cual guardaran resentimiento.
Luego les hizo escribir sus nombres en cada una de ellas y guardarlas dentro de la bolsa. A la mayoría les habían quedado bolsas realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que durante una semana llevarán consigo a todos lados esa bolsa de papas.
Los días pasaban y la condición de las papas se iba deteriorando, deberían prestar atención permanentemente para no olvidarla en ningún lado, y por ocuparse tanto de ella, desatendían cosas que eran más importantes.
Este ejercicio los ayudó a darse cuenta del peso que cargaban a diario, mucho dolor, miedos, apego, bronca, culpa, negatividad, etc. Se dieron cuenta así de que todos tenemos papas pudriéndose en nuestra mochila personal y no nos damos cuenta, o nos damos cuenta cuando ya es muy tarde...
Perdonarse y perdonar a cada una de las personas, aceptar la vida tal cual es y dejar esas papas de una vez, ya en el tacho de la basura, los llenó de Paz y calma, alimentando y sanando su alma.
La conclusión en la clase fue que: Vivir la vida alimentando sentimientos negativos y la falta de perdón son como un veneno que tomamos a diario, de a pocas gotas, pero que finalmente nos terminan envenenando.
Yo creo que debemos confiar en nosotros mismos en saber que podemos, en animarnos y tomar la decisión de vivir con libertad, de no cargar mochilas cada día de nuestras vidas porque como decimos siempre a pesar del terrible dolor de la partida de nuestros hijos "si se puede". Renunciemos entonces al dolor desesperado por su partida, renunciemos sentir esa pena prolongada y hagamos nuestro mejor esfuerzo, dado que siempre va a ser nuestra responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestras vidas.
No permitamos que las papas se deterioren y se pudran... Actuemos ya mismo, es hora de dejar atrás todos los sentimientos negativos, de perdonar y perdonarse de todo corazón y actuar consecuentemente.
Recordemos que no hay tiempo, la vida es ahora y hay que vivirla plenamente sin olvidarnos de los chicos que son nuestros grandes maestros.
Reflexionemos en ¿Cuántas papas deberías cargas en tu bolsa?
¿Cómo te sentís cargando ese peso cada día en la espalda?
¿Qué harías a partir de este momento para ir alivianando este peso para no cargar con nada?
Grupo Renacer, Yerba Buena
Coordinación Claudia 18/07/11
Presentación:
Resentimiento y perdón
Ésta es una historia que nos lleva a reflexionar como influyen los sentimientos negativos, el rencor y el perdón en nuestras vidas.
El maestro les había pedido a sus discípulos que llevaran papas y una bolsa de plástico, nadie sabía lo que iban a hacer con ellas, solo les había adelantado que el tema a tratar iba a ser "Los sentimientos negativos, el resentimiento y el perdón".
Ya en clase, les hizo elegir una papa por cada sentimiento que limitara de alguna forma su vida cotidiana y una por cada persona por la cual guardaran resentimiento.
Luego les hizo escribir sus nombres en cada una de ellas y guardarlas dentro de la bolsa. A la mayoría les habían quedado bolsas realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que durante una semana llevarán consigo a todos lados esa bolsa de papas.
Los días pasaban y la condición de las papas se iba deteriorando, deberían prestar atención permanentemente para no olvidarla en ningún lado, y por ocuparse tanto de ella, desatendían cosas que eran más importantes.
Este ejercicio los ayudó a darse cuenta del peso que cargaban a diario, mucho dolor, miedos, apego, bronca, culpa, negatividad, etc. Se dieron cuenta así de que todos tenemos papas pudriéndose en nuestra mochila personal y no nos damos cuenta, o nos damos cuenta cuando ya es muy tarde...
Perdonarse y perdonar a cada una de las personas, aceptar la vida tal cual es y dejar esas papas de una vez, ya en el tacho de la basura, los llenó de Paz y calma, alimentando y sanando su alma.
La conclusión en la clase fue que: Vivir la vida alimentando sentimientos negativos y la falta de perdón son como un veneno que tomamos a diario, de a pocas gotas, pero que finalmente nos terminan envenenando.
Yo creo que debemos confiar en nosotros mismos en saber que podemos, en animarnos y tomar la decisión de vivir con libertad, de no cargar mochilas cada día de nuestras vidas porque como decimos siempre a pesar del terrible dolor de la partida de nuestros hijos "si se puede". Renunciemos entonces al dolor desesperado por su partida, renunciemos sentir esa pena prolongada y hagamos nuestro mejor esfuerzo, dado que siempre va a ser nuestra responsabilidad de cómo vamos a vivir cada día de nuestras vidas.
No permitamos que las papas se deterioren y se pudran... Actuemos ya mismo, es hora de dejar atrás todos los sentimientos negativos, de perdonar y perdonarse de todo corazón y actuar consecuentemente.
Recordemos que no hay tiempo, la vida es ahora y hay que vivirla plenamente sin olvidarnos de los chicos que son nuestros grandes maestros.
Reflexionemos en ¿Cuántas papas deberías cargas en tu bolsa?
¿Cómo te sentís cargando ese peso cada día en la espalda?
¿Qué harías a partir de este momento para ir alivianando este peso para no cargar con nada?
Grupo Renacer, Yerba Buena
Coordinación Claudia 18/07/11
Presentación:
Resentimiento y perdón
Sobre las caídas – Osvaldo Gallote
Renacer - Boletín Nº 137
“El dolor vuelve lúcido al hombre y transparente al mundo”
Víctor Frankl
Hay una idéntica lógica interna estrechamente ligada con el avatar fundacional de la vida paulina: camino de Damasco y persiguiendo cristianos, Saulo cae a tierra cegado por un resplandor; entra en la ciudad de Damasco y luego de tres días sin ver le es devuelta la visión y, desde ese momento, queda convertido al cristianismo bajo el nombre de Pablo. Metáfora grávida de sentidos, de los cuales, al menos, se pueden destacar tres: volver en-sí es volver en-otro, la ceguera precipita en la visión, la condición necesaria para un re-nacimiento es la caída. Éstos son los elementos que se pueden verificar en los tres textos.
La caída de Funes es literal y simbólica: lo voltea un caballo en la estancia de San Francisco y la brutal consecuencia de esta caída es la invalidez, pero otra es la lectura que realiza Funes de su percance: hasta la caída "había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (...)
Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales" (pág. 488). La caída lo precipita en la riqueza, no en la invalidez; en la dinámica incesante (e intolerable) de la memoria, no en la inmovilidad. La secuencia de Funes remeda la progresión paulina: ceguera-caída-visión.
Del libro “Borges en 10 miradas”, el párrafo seleccionado es Osvaldo Gallote , “Dos aspectos de la obra de Jorge Luis Borges”
Nota del Editor: cualquier parecido con lo que nos pasa a los padres de Renacer, No es casualidad.
“El dolor vuelve lúcido al hombre y transparente al mundo”
Víctor Frankl
Hay una idéntica lógica interna estrechamente ligada con el avatar fundacional de la vida paulina: camino de Damasco y persiguiendo cristianos, Saulo cae a tierra cegado por un resplandor; entra en la ciudad de Damasco y luego de tres días sin ver le es devuelta la visión y, desde ese momento, queda convertido al cristianismo bajo el nombre de Pablo. Metáfora grávida de sentidos, de los cuales, al menos, se pueden destacar tres: volver en-sí es volver en-otro, la ceguera precipita en la visión, la condición necesaria para un re-nacimiento es la caída. Éstos son los elementos que se pueden verificar en los tres textos.
La caída de Funes es literal y simbólica: lo voltea un caballo en la estancia de San Francisco y la brutal consecuencia de esta caída es la invalidez, pero otra es la lectura que realiza Funes de su percance: hasta la caída "había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (...)
Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales" (pág. 488). La caída lo precipita en la riqueza, no en la invalidez; en la dinámica incesante (e intolerable) de la memoria, no en la inmovilidad. La secuencia de Funes remeda la progresión paulina: ceguera-caída-visión.
Del libro “Borges en 10 miradas”, el párrafo seleccionado es Osvaldo Gallote , “Dos aspectos de la obra de Jorge Luis Borges”
Nota del Editor: cualquier parecido con lo que nos pasa a los padres de Renacer, No es casualidad.
sábado, 2 de junio de 2012
Lo que buscamos no está en el pasado – G. y A. Berti
Renacer - Boletín Nº 136
“Todo lo que ha pasado no se puede modificar.
Continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lugar, vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.
La respuesta no está en el pasado, está adelante nuestro, en lo que todavía nos falta por hacer.
Siempre hemos dicho que no nos detengamos en lo que nos ha pasado, sino tratemos de canalizar nuestras energías acerca de la multitud de posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, una serie de caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero que están allí esperando ser recorridos por nosotros.
Si no los recorremos es por dos razones o porque no tenemos la voluntad o porque tenemos miedo.
Esos caminos están ahí, esperando que los transitemos.
Simplemente, preguntémonos, nosotros que supuestamente somos la creación más perfecta que existe en este planeta, ¿por qué razón tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?
Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.
Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, tienen dos significados: primero, no me puedo mirar a mí mismo; para mirarme a mí mismo tengo que doblarme y lo único que puedo ver es el ombligo y voy a terminar quebrado.
La otra razón por la que tenemos los ojos adelante es porque tengo que mirar hacia adelante, tengo que mirar y caminar para adelante.
Tengo que mirar hacia el futuro.
Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.
John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice "El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio."
En el fondo, la tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces su muerte fue en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.
Como padre tengo la obligación de que no sea de esa manera y sólo cada uno lo puede cambiar, solamente cada uno puede decidir qué es lo que va a aprender de esto, si voy a llorar, hasta que pueda regar las plantas del jardín, es decir, que el dolor nuestro y nuestra tragedia sea en vano y no tenga sentido.
Seguir mirando hacia atrás, no conduce a ningún lado, vas a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un montón de sal.
¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot? Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.
La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa? Se convierte en una estatua de sal.
¿Cuál es el significado de esta metáfora? Que al mirar a su pasado se cristalizó en lo que quedaba atrás. Ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.
El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.
Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivimos, no tenemos otra cosa, no hay otra manera.
¿Cómo vivo mi vida? ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?
Sirve para una sola cosa, para hacerte más solidario y ayudar a otra persona a que sufra menos.
Pero si quieres ayudar a otra persona a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo tal y cual otra cosa…
¿Qué clase de ayuda es esa?
Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que olvidarse de su dolor, tiene que decirle yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti.
“Todo lo que ha pasado no se puede modificar.
Continuar con nuestras emociones, con nuestros sentimientos, colocados en el pasado, no nos lleva a ninguna parte, no nos conduce, absolutamente, a ningún lugar, vamos a pedalear en el barro durante toda la vida.
La respuesta no está en el pasado, está adelante nuestro, en lo que todavía nos falta por hacer.
Siempre hemos dicho que no nos detengamos en lo que nos ha pasado, sino tratemos de canalizar nuestras energías acerca de la multitud de posibilidades que se nos abren a partir de la muerte de un hijo, una serie de caminos nuevos, no explorados, no visualizados antes, pero que están allí esperando ser recorridos por nosotros.
Si no los recorremos es por dos razones o porque no tenemos la voluntad o porque tenemos miedo.
Esos caminos están ahí, esperando que los transitemos.
Simplemente, preguntémonos, nosotros que supuestamente somos la creación más perfecta que existe en este planeta, ¿por qué razón tenemos los ojos puestos hacia delante? ¿por qué no nos hicieron con los ojos puestos hacia atrás?
Eso tiene que tener un significado, ¿por qué no me pusieron los ojos en la mano?, donde yo podría mirarme la cabeza, mirarme las orejas, poder mirarme la espalda.
Pero no, me los pusieron ahí donde están y los ojos puestos ahí, tienen dos significados: primero, no me puedo mirar a mí mismo; para mirarme a mí mismo tengo que doblarme y lo único que puedo ver es el ombligo y voy a terminar quebrado.
La otra razón por la que tenemos los ojos adelante es porque tengo que mirar hacia adelante, tengo que mirar y caminar para adelante.
Tengo que mirar hacia el futuro.
Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía por delante, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor.
John Milton, escritor inglés que perdió su vista, nos dice "El verdadero infortunio, es no saber sobrellevar un infortunio."
En el fondo, la tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque entonces su muerte fue en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.
Como padre tengo la obligación de que no sea de esa manera y sólo cada uno lo puede cambiar, solamente cada uno puede decidir qué es lo que va a aprender de esto, si voy a llorar, hasta que pueda regar las plantas del jardín, es decir, que el dolor nuestro y nuestra tragedia sea en vano y no tenga sentido.
Seguir mirando hacia atrás, no conduce a ningún lado, vas a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un montón de sal.
¿Recuerdan la historia de la mujer de Lot? Lot le pidió al creador que lo saque de la ciudad de Sodoma y Gomorra y el creador le permite salir con su esposa Edith, con la sola condición que al salir no vuelvan la mirada hacia atrás.
La mujer de Lot desobedece y se da vuelta y ¿qué pasa? Se convierte en una estatua de sal.
¿Cuál es el significado de esta metáfora? Que al mirar a su pasado se cristalizó en lo que quedaba atrás. Ese es el peligro de mirar demasiado para atrás.
El resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y así habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.
Ese mensaje no queremos darlo y el único elemento para no darlo es nuestra vida y la manera en que la vivimos, no tenemos otra cosa, no hay otra manera.
¿Cómo vivo mi vida? ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?
Sirve para una sola cosa, para hacerte más solidario y ayudar a otra persona a que sufra menos.
Pero si quieres ayudar a otra persona a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle ¿cómo estás? yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo tal y cual otra cosa…
¿Qué clase de ayuda es esa?
Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, se tiene que olvidar de su propio dolor, tiene que olvidarse de su dolor, tiene que decirle yo también perdí un hijo y sé que se puede salir adelante, porque como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.
Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti.
Renacer Boletín Nº 136 Lucha por una posición digna de vivir – Elizabeth Lukas
Cuando una persona que está de luto ha encontrado en la calma el camino hacia ella misma y hacia las tareas que están a la espera, habrá llegado la hora de ejecutar la parte más difícil del proceso de comprensión.
El doliente tiene que encontrar respuestas a las preguntas vehementes que lo intrigan, pero para ello deben eliminarse primero las preguntas mal planteadas del estilo “¿por qué ha tenido que sucederme a mí?”, “¿por qué este castigo?” “¿qué sentido tiene mi desgracia?”, “¿por qué no ha intervenido el Señor?”. Son preguntas mal planteadas porque presuponen que los caminos de la providencia se escrutarían con nuestro ínfimo entendimiento. De esta manera, un gorrión también podría preguntarse para qué sirve el cable de alta tensión sobre el que está posado. No es que el cable no tenga ninguna utilidad, simplemente no tiene sentido querer explicar a un gorrión el sentido de ese cable.
Algunas personas plantean constantemente preguntas erróneas. Cuestiones como “¿quién es el culpable de mi dilema?” o “¿por qué no me ayuda nadie?” son verdaderas trampas. En muchas ocasiones le corresponde a la metodología psicoterapéutica reconducir esta clase de preguntas. “¿De qué me puede servir haber pasado por esto o aquello?”, “¿qué lección puedo extraer?”, “¿cómo puedo llevarlo de la mejor manera posible?”, “¿puede incluso la tragedia transformarse en un triunfo interno?”…
Estas son las preguntas clave, las que pueden extraer respuestas interesantes de quien las formula. Respuestas con las que se puede vivir y pervivir.
Del libro “En la tristeza pervive el amor” de Elisabeth Lukas.
El doliente tiene que encontrar respuestas a las preguntas vehementes que lo intrigan, pero para ello deben eliminarse primero las preguntas mal planteadas del estilo “¿por qué ha tenido que sucederme a mí?”, “¿por qué este castigo?” “¿qué sentido tiene mi desgracia?”, “¿por qué no ha intervenido el Señor?”. Son preguntas mal planteadas porque presuponen que los caminos de la providencia se escrutarían con nuestro ínfimo entendimiento. De esta manera, un gorrión también podría preguntarse para qué sirve el cable de alta tensión sobre el que está posado. No es que el cable no tenga ninguna utilidad, simplemente no tiene sentido querer explicar a un gorrión el sentido de ese cable.
Algunas personas plantean constantemente preguntas erróneas. Cuestiones como “¿quién es el culpable de mi dilema?” o “¿por qué no me ayuda nadie?” son verdaderas trampas. En muchas ocasiones le corresponde a la metodología psicoterapéutica reconducir esta clase de preguntas. “¿De qué me puede servir haber pasado por esto o aquello?”, “¿qué lección puedo extraer?”, “¿cómo puedo llevarlo de la mejor manera posible?”, “¿puede incluso la tragedia transformarse en un triunfo interno?”…
Estas son las preguntas clave, las que pueden extraer respuestas interesantes de quien las formula. Respuestas con las que se puede vivir y pervivir.
Del libro “En la tristeza pervive el amor” de Elisabeth Lukas.
lunes, 9 de abril de 2012
No me digas adios...
Padres en Proceso de Duelo es un espacio para compartir sus experiencias vividas, para aportar en los foros, reflexiones y datos de qué es el Duelo. Te invitamos a colaborar y formar parte de esta comunidad de ayuda mutua, para Padres que están en Proceso de Duelo, por la pérdida de uno o más hijos(as).
La Resilencia Renacer - Boletín Nº 139
Es el proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad.
A la hora de superar una situación significativamente adversa, habría que analizar tres niveles.
El primero es la adquisición de recursos internos ante estas situaciones, es decir, el estilo de vínculo que quedó impregnado en nuestra memoria desde niños, que nos constituyó como personas.
El segundo, es el significado que atribuimos a lo que nos sucede, es decir la interpretación subjetiva del suceso ocurrido.
Y el tercero tiene que ver con la disposición que se da alrededor de la persona, por nuestra familia y por la cultura, de acompañar, contener y ayudar a retomar un desarrollo resilente.
No es bueno olvidar las situaciones traumáticas, pero tampoco es bueno quedarnos pegados a ellas.
Si amputamos parte de nuestra historia, si reprimimos representaciones insoportables, corremos el riesgo de quedar sometidos y anclados en nuestro pasado. No obstante, pensar siempre en la herida, en el sufrimiento, es quedar como víctimas, prisioneros del ayer.
Es importante no olvidar, pero sí, hacer una elaboración de lo ocurrido, para así, saber qué hacer para que no se repita, y transmitir nuestra experiencia para que otros la aprovechen.
Desarrollar resilencia es un viaje personal. La gente no reacciona de la misma forma a eventos traumáticos y tensiones en su vida. Una estrategia para desarrollar resilencia que funciona para una persona, podría no funcionar para otra. Las personas usamos estrategias variadas.
Para escoger nuestra estrategia personal para desarrollar resilencia podríamos considerar algunas de las incluidas a continuación.
· Establecer relaciones. Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas. Aceptar la ayuda y el apoyo de las personas que nos quieren y nos escuchan, fortalece la resilencia. Ayudar a otros que nos necesitan, también puede sernos beneficioso.
· Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables. No podemos evitar que ocurran situaciones que producen mucha tensión, pero si podemos cambiar cómo las interpretamos y reaccionamos ante ellas. Tratemos de mirar más allá del presente y pensemos, que en el futuro, las cosas pueden mejorar.
· Aceptar que el cambio es parte de la vida. Es posible que como resultado de una situación adversa no nos sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no podemos cambiar nos puede ayudar a centrarnos en las que sí podemos modificar.
· Movernos hacia nuestras metas. Desarrollemos algunas metas realistas. Hagamos algo regularmente, (aunque nos parezca que es un logro pequeño), que nos permita movernos hacia nuestras metas. En vez de enfocarnos en tareas que parece que no podemos lograr, preguntémonos: ¿“Qué cosa sé que puedo lograr hoy, que me ayuda a caminar en la dirección hacia la cual quiero ir?
· Llevar a cabo acciones decisivas. Actuemos en situaciones adversas lo mejor que podamos. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que desaparezcan.
· Busquemos oportunidades para descubrirnos a nosotros mismos. Las personas, muchas veces aprendemos algo sobre nosotros mismos y nos damos cuenta de que hemos crecido de algún modo, como resultado de nuestra lucha con la adversidad. Puede surgir como resultado, una mejora en nuestras relaciones, la sensación de mayor fuerza personal aún cuando nos sentimos vulnerables, la sensación de que la autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada o una mayor apreciación de la vida.
· Cultivar una visión positiva de nuestra propia persona. El desarrollar confianza en nuestras habilidades para resolver problemas y confiar en nuestros instintos, ayuda a construir la resilencia.
· Mantengamos las cosas en perspectiva. Aún cuando nos enfrentemos a sucesos dolorosos, tratemos de considerar la situación que nos causa tensión en un contexto más amplio y mantengamos una visión a largo plazo. Evitemos agrandar la situación fuera de proporción. No magnifiquemos lo negativo, seguro que hay puntos positivos en esa situación, aunque nos cueste percatarnos de ellos.
· Nunca perdamos la esperanza. Una visión optimista nos permite esperar que ocurran cosas buenas en nuestras vidas. Tratemos de visualizar lo que queremos, en vez de preocuparnos por lo que tememos.
· Cuidemos nuestra persona. Prestemos atención a sus nuestras propias necesidades y deseos. Interesémonos en actividades que disfrutemos y nos resultan relajantes. Hagamos ejercicio regularmente. El cuidar de nosotros, nos ayuda a mantener mente y su cuerpo listos para enfrentarse a las situaciones que requieren resilencia.
· Formas adicionales de fortalecer la resilencia nos podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos en relación a las situaciones difíciles o estresantes en su vida. La meditación y las prácticas espirituales ayudan a otras personas a establecer relaciones y restablecer la esperanza. La clave es identificar las formas que podrían ayudarnos como parte de nuestra estrategia personal para estimular la resilencia.
· Aprender del Pasado. Poner el foco de atención en nuestras experiencias pasadas y en nuestras fuentes de fortaleza personal, puede ayudarnos a identificar qué estrategias usamos para desarrollar resilencia y que funcionan en cada uno de nosotros. Las respuestas a las siguientes preguntas sobre nosotros mismos y las reacciones ante situaciones de la vida que nos retaron, puede descubrir cómo respondemos efectivamente a estas situaciones complicadas. Consideremos lo siguiente:¿Qué tipos de situaciones me han resultado más difíciles? ¿Cómo me han afectado dichas situaciones? Cuando me encuentro en tensión, ¿me ha sido de ayuda pensar en las personas importantes en mi vida? Cuando me enfrento a una experiencia difícil, ¿a quién he acudido para que me ayude? ¿Qué he aprendido sobre mi y mis interacciones con los demás durante momentos difíciles? ¿Me ha ayudado ofrecer apoyo a otras personas que están pasando por una experiencia similar? ¿He podido superar los obstáculos, y si es así, cómo? ¿Qué me ha ayudado a sentirme con más esperanza sobre el futuro?
· Mantenerse Flexible. La resilencia incluye mantener flexibilidad y balance en nuestra vida, mientras nos enfrentamos circunstancias difíciles y eventos traumáticos. Esto ocurre de diferentes formas, que incluyen: Permitirnos experimentar emociones fuertes y, además, reconocer cuando tenemos que evitarlas para poder seguir funcionando. Adelantarnos y ponernos en acción para lidiar con nuestros problemas. Enfrentarnos a las demandas del día a día, y además dar un paso atrás para descansar y llenarnos de energía nuevamente. Pasar tiempo con nuestros seres queridos para lograr su apoyo y estímulo, y también para cuidar de nuestra persona. Confiar en los demás y también confiar en nosotros mismos.
· Continuar nuestro camino. Para resumir varios de los puntos principales, pensemos en la resilencia como algo parecido a ir en una balsa río abajo. En un río, podemos encontrar rápidos, virajes, aguas lentas y áreas poco profundas. Como en la vida, los cambios que experimentamos nos afectan de forma diferente en el camino. Al viajar por el río, nos ayuda el conocerlo y las experiencias pasadas que hayamos tenido con él. Nuestro viaje debe guiarlo un plan, una estrategia. La perseverancia y la confianza en nuestra capacidad para evitar los peñones y otros obstáculos son importantes. Puede ganar valor y perspicacia al navegar con éxito en las aguas embravecidas. Las personas en quienes confiamos que nos acompañan en el viaje, pueden especialmente ayudarnos a enfrentarnos a los rápidos, las corrientes y otras dificultades del río. Podemos bajarnos de la balsa y descansar en la orilla del río. Sin embargo, para terminar nuestro viaje debemos volver a subir a la balsa y continuar.
A la hora de superar una situación significativamente adversa, habría que analizar tres niveles.
El primero es la adquisición de recursos internos ante estas situaciones, es decir, el estilo de vínculo que quedó impregnado en nuestra memoria desde niños, que nos constituyó como personas.
El segundo, es el significado que atribuimos a lo que nos sucede, es decir la interpretación subjetiva del suceso ocurrido.
Y el tercero tiene que ver con la disposición que se da alrededor de la persona, por nuestra familia y por la cultura, de acompañar, contener y ayudar a retomar un desarrollo resilente.
No es bueno olvidar las situaciones traumáticas, pero tampoco es bueno quedarnos pegados a ellas.
Si amputamos parte de nuestra historia, si reprimimos representaciones insoportables, corremos el riesgo de quedar sometidos y anclados en nuestro pasado. No obstante, pensar siempre en la herida, en el sufrimiento, es quedar como víctimas, prisioneros del ayer.
Es importante no olvidar, pero sí, hacer una elaboración de lo ocurrido, para así, saber qué hacer para que no se repita, y transmitir nuestra experiencia para que otros la aprovechen.
Desarrollar resilencia es un viaje personal. La gente no reacciona de la misma forma a eventos traumáticos y tensiones en su vida. Una estrategia para desarrollar resilencia que funciona para una persona, podría no funcionar para otra. Las personas usamos estrategias variadas.
Para escoger nuestra estrategia personal para desarrollar resilencia podríamos considerar algunas de las incluidas a continuación.
· Establecer relaciones. Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas. Aceptar la ayuda y el apoyo de las personas que nos quieren y nos escuchan, fortalece la resilencia. Ayudar a otros que nos necesitan, también puede sernos beneficioso.
· Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables. No podemos evitar que ocurran situaciones que producen mucha tensión, pero si podemos cambiar cómo las interpretamos y reaccionamos ante ellas. Tratemos de mirar más allá del presente y pensemos, que en el futuro, las cosas pueden mejorar.
· Aceptar que el cambio es parte de la vida. Es posible que como resultado de una situación adversa no nos sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no podemos cambiar nos puede ayudar a centrarnos en las que sí podemos modificar.
· Movernos hacia nuestras metas. Desarrollemos algunas metas realistas. Hagamos algo regularmente, (aunque nos parezca que es un logro pequeño), que nos permita movernos hacia nuestras metas. En vez de enfocarnos en tareas que parece que no podemos lograr, preguntémonos: ¿“Qué cosa sé que puedo lograr hoy, que me ayuda a caminar en la dirección hacia la cual quiero ir?
· Llevar a cabo acciones decisivas. Actuemos en situaciones adversas lo mejor que podamos. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que desaparezcan.
· Busquemos oportunidades para descubrirnos a nosotros mismos. Las personas, muchas veces aprendemos algo sobre nosotros mismos y nos damos cuenta de que hemos crecido de algún modo, como resultado de nuestra lucha con la adversidad. Puede surgir como resultado, una mejora en nuestras relaciones, la sensación de mayor fuerza personal aún cuando nos sentimos vulnerables, la sensación de que la autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada o una mayor apreciación de la vida.
· Cultivar una visión positiva de nuestra propia persona. El desarrollar confianza en nuestras habilidades para resolver problemas y confiar en nuestros instintos, ayuda a construir la resilencia.
· Mantengamos las cosas en perspectiva. Aún cuando nos enfrentemos a sucesos dolorosos, tratemos de considerar la situación que nos causa tensión en un contexto más amplio y mantengamos una visión a largo plazo. Evitemos agrandar la situación fuera de proporción. No magnifiquemos lo negativo, seguro que hay puntos positivos en esa situación, aunque nos cueste percatarnos de ellos.
· Nunca perdamos la esperanza. Una visión optimista nos permite esperar que ocurran cosas buenas en nuestras vidas. Tratemos de visualizar lo que queremos, en vez de preocuparnos por lo que tememos.
· Cuidemos nuestra persona. Prestemos atención a sus nuestras propias necesidades y deseos. Interesémonos en actividades que disfrutemos y nos resultan relajantes. Hagamos ejercicio regularmente. El cuidar de nosotros, nos ayuda a mantener mente y su cuerpo listos para enfrentarse a las situaciones que requieren resilencia.
· Formas adicionales de fortalecer la resilencia nos podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos en relación a las situaciones difíciles o estresantes en su vida. La meditación y las prácticas espirituales ayudan a otras personas a establecer relaciones y restablecer la esperanza. La clave es identificar las formas que podrían ayudarnos como parte de nuestra estrategia personal para estimular la resilencia.
· Aprender del Pasado. Poner el foco de atención en nuestras experiencias pasadas y en nuestras fuentes de fortaleza personal, puede ayudarnos a identificar qué estrategias usamos para desarrollar resilencia y que funcionan en cada uno de nosotros. Las respuestas a las siguientes preguntas sobre nosotros mismos y las reacciones ante situaciones de la vida que nos retaron, puede descubrir cómo respondemos efectivamente a estas situaciones complicadas. Consideremos lo siguiente:¿Qué tipos de situaciones me han resultado más difíciles? ¿Cómo me han afectado dichas situaciones? Cuando me encuentro en tensión, ¿me ha sido de ayuda pensar en las personas importantes en mi vida? Cuando me enfrento a una experiencia difícil, ¿a quién he acudido para que me ayude? ¿Qué he aprendido sobre mi y mis interacciones con los demás durante momentos difíciles? ¿Me ha ayudado ofrecer apoyo a otras personas que están pasando por una experiencia similar? ¿He podido superar los obstáculos, y si es así, cómo? ¿Qué me ha ayudado a sentirme con más esperanza sobre el futuro?
· Mantenerse Flexible. La resilencia incluye mantener flexibilidad y balance en nuestra vida, mientras nos enfrentamos circunstancias difíciles y eventos traumáticos. Esto ocurre de diferentes formas, que incluyen: Permitirnos experimentar emociones fuertes y, además, reconocer cuando tenemos que evitarlas para poder seguir funcionando. Adelantarnos y ponernos en acción para lidiar con nuestros problemas. Enfrentarnos a las demandas del día a día, y además dar un paso atrás para descansar y llenarnos de energía nuevamente. Pasar tiempo con nuestros seres queridos para lograr su apoyo y estímulo, y también para cuidar de nuestra persona. Confiar en los demás y también confiar en nosotros mismos.
· Continuar nuestro camino. Para resumir varios de los puntos principales, pensemos en la resilencia como algo parecido a ir en una balsa río abajo. En un río, podemos encontrar rápidos, virajes, aguas lentas y áreas poco profundas. Como en la vida, los cambios que experimentamos nos afectan de forma diferente en el camino. Al viajar por el río, nos ayuda el conocerlo y las experiencias pasadas que hayamos tenido con él. Nuestro viaje debe guiarlo un plan, una estrategia. La perseverancia y la confianza en nuestra capacidad para evitar los peñones y otros obstáculos son importantes. Puede ganar valor y perspicacia al navegar con éxito en las aguas embravecidas. Las personas en quienes confiamos que nos acompañan en el viaje, pueden especialmente ayudarnos a enfrentarnos a los rápidos, las corrientes y otras dificultades del río. Podemos bajarnos de la balsa y descansar en la orilla del río. Sin embargo, para terminar nuestro viaje debemos volver a subir a la balsa y continuar.
Cuento de origen Chino
Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos lo consideraban afortunado porque tenía un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero, un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida. Todos le decían: "¡Qué mala suerte has tenido!". La respuesta del granjero fue un sencillo "puede ser".
Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas.
Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: "puede ser".
Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero ésta lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: "puede ser.”
Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos, se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más éste, como podemos imaginar, contestó nuevamente: "puede ser".
(Cuento de origen Chino)
Renacer Barcelona
Pocos días después, el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas.
Enterados los aldeanos, acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: "puede ser".
Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero ésta lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: "puede ser.”
Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejército. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos, se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más éste, como podemos imaginar, contestó nuevamente: "puede ser".
(Cuento de origen Chino)
Renacer Barcelona
Renacer - Boletín Nº 140
Las etapas - Paulo Coelho
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida
Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando
¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la
vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo, por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito!,nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Paulo Coelho.
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida
Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto
Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando
¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?
Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la
vida y seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.
No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.
Dejar ir, soltar, desprenderse.
En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente! El pasado ya pasó.
No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted.
Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.
La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.
Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron
¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no, que no vuelve.
Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.
Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.
Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo, por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito!,nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.
Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.
¡Esa es la vida!
Paulo Coelho.
viernes, 6 de enero de 2012
Reflexión – Facundo Cabral RENACER-BOLETIN XI, No.138
Facundo Cabral nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina.
Sus padres fueron Sara y Rodolfo los cuales ya tenían dos hijos. Su padre abandonó el hogar dejando a su madre con sus tres hijos, los cuales emigraron hacia Tierra del Fuego, sur de Argentina.
Cabral tuvo una infancia dura y desprotegida, convirtiéndose en un marginal al punto de ser encerrado en un reformatorio.
Al poco tiempo consigue escapar y según cuenta encontró a Dios en las palabras de Simeón, un viejo vagabundo.
Gracias a la soledad me conozco......algo fundamental para vivir.
La vida no te quita cosas: te libera de cosas... te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.
De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas roblemas, son lecciones.
No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón
Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser, será y, llegará naturalmente.
No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible y sin esfuerzo, porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban tres o cuatro meses de vida.
Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo.
A ti debes hacerte libre y feliz.
Después podrás compartir la vida verdadera con los demás
Recuerda : "Amarás al prójimo como a ti mismo".
Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, porque la felicidad es una adquisición
Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio.
Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó a matar a seis millones de hermanos judíos.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo.
Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños,
Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.
Ayuda al niño que te necesita, ese niño que será socio de tu hijo.
Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas.
Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá.
Da sin medida y te darán sin medida.
Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.
Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en él.
Si Él tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella.
El te manda flores cada primavera.
Él te manda un amanecer cada mañana.
Cada vez que tú quieres hablar, Él te escucha, El puede vivir en cualquier parte del universo, pero Él escogió tu corazón.
Enfréntalo, amigo, ¡Él está loco por ti!
Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero él sí prometió fuerzas para cada día, consuelo para las lágrimas, y luz para el camino.
"Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír”
Cabral sabe que desde hace algunos años su mayor cruz es una enfermedad ocular que le está arrebatando la visión. "Es una enfermedad muy grande. Tuve muchos accidentes y a la larga tuve desprendimientos de retina dos o tres veces. Pero lo llevo bastante bien".
-¿Qué cosas le hace sentir el ver cada vez menos?
Pensar mejor. Pensar más. Hay un caso extraordinario en la historia:
Por eso nunca entendí a la gente que se aburre y se siente pobre. No la entiendo.
" LA VIDA ES GENEROSA“
Así lo cree Facundo Cabral, quien asegura no entender a aquellos que no saben apreciarla. Pero los años no le han sido indiferentes. Es que es la vejez –la que él define como "la estación serena de la vida"– su último gran descubrimiento.
"Lo único que se desbarata es el cuerpo. Pero yo no soy el cuerpo. El cuerpo es el vehículo que me lleva de la cuna a la tumba. Yo soy mi espíritu, mi alma y las ideas que arman mis neuronas.
Dios me dio esto y aprendí a querer lo que me dio. Y le estoy sacando partido".
lunes, 19 de septiembre de 2011
¿Todos los suicidas se van al infierno?
LE AGRADEZCO A PATTY LAGUNES ESTA APORTACIÒN QUE ME ENVIÒ.
SI GUSTASEN COLABORAR CON ESTA PAGINA DE AYUDA-MUTUA, PUEDEN ENVIAR SU EMAIL Y DESPUÈS DE HABERLO SUPERVISADO LO PUBLICAREMOS. (akumuallim7@gmail.com)
UN MENSAJE PARA REFLEXIONAR (CREYENTES O NO)
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E.
Fuente: El Teólogo Responde
¿Todos los suicidas se van al infierno?
¿Es el suicidio un acto humano?
Lo que debe demostrarse es la “total responsabilidad” del suicida.
¿Todos los suicidas se van al infierno?
Lo que impide a una persona entrar o no al cielo (es decir salvarse o no salvarse) es el morir en estado de gracia, o sea, sin pecado mortal.
Para que una persona cometa pecado mortal es condición necesaria:
1º que haya materia grave (este es el elemento objetivo de todo pecado)
2º que tenga conciencia plena de que es algo grave y
3º que consienta perfectamente al acto grave (estas últimas condiciones son los elementos subjetivos que se requieren para que haya un acto sustancialmente humano).
En el caso del suicidio se trata ciertamente de materia grave, pues la vida humana (la propia y la ajena) son bienes fundamentales de la persona custodiados por los mandamientos de la ley natural y por los diez mandamientos de la Ley divina.
Hay que ver luego, en cada caso particular, si la persona estaba en plena posesión de sus facultades como para hacer un acto plenamente humano.
A continuación trataré de esbozar los principios generales para poder hacer un juicio aproximado de este doloroso fenómeno (se puede consultar lo siguiente en: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, cuestión 64, 5; LINO CICCONE, Non Uccidere, Ed. Ares, Milán 1988, p. 107ss; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2280-2283).
1. Nociones y datos generales
El suicidio consiste propiamente en producirse la muerte a sí mismo por propia iniciativa o autoridad, ya sea mediante una acción o una omisión.
Se divide en suicidio directo e indirecto, según la muerte se intente directamente o sólo sea permitida buscando otra finalidad (como quien, intentando salvar a otra persona, arriesga su vida y muere).
Lo consideraron lícito por principios filosóficos Hume, Montesquieu, Bentham, Schopenhauer, Nietzsche, algunos estoicos como Séneca; más cercano a nuestros tiempos, el existencialismo hizo de él un valor positivo, como “la última libertad de la vida” (Jaspers). Algunos lo han defendido por cuestiones de honor patriótico, militar o personal.
Los datos estadísticos son escalofriantes, aun teniendo en cuenta que los datos oficiales son inferiores a la realidad.
La relación que suele establecerse entre suicidios efectivos e intentos de suicidio varía según los diversos autores que se consulte: unos dicen que se llega a un suicidio cada tres intentos; otros afirman que por cada suicidio hay diez intentos fallidos; por tanto, como término medio, puede decirse que por cada suicidio hay al menos cinco intentos frustrados.
Ahora bien, la OMS (Organización Mundial para la Salud) indicaba en 1976, que cada día se suicidan en el mundo 1000 personas (lo que indicaría que otras 4000 o 5000 lo intentan sin llegar a él); aproximadamente 500.000 lo hacen por año (y por tanto, 2.500.000 quedan en el intento).
2. Juicio moral
La tradición cristiana, la doctrina del Magisterio y la reflexión teológica no han tenido ninguna duda sobre la inadmisiblidad moral del suicidio. Si ha habido alguna evolución ha sido sólo en torno a la valoración de la culpabilidad y responsabilidad subjetiva del que se suicida o intenta hacerlo.
Para no hacer un juicio erróneo, es necesario distinguir entre el juicio “objetivo” sobre el suicidio, y el juicio sobre “la responsabilidad subjetiva” del suicidio.
a) Valoración objetiva del suicidio
Como ya ha indicado Santo Tomás, el suicidio directo, objetivamente considerado, es un acto gravemente ilícito, por tres razones principales:
1º Porque es contrario a la inclinación natural (ley natural) y a la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo.
2º Porque hace injuria a la sociedad a la cual el hombre pertenece y a la que su acto mutila: la priva injustamente de uno de sus miembros que debería colaborar al bien común.
3º Porque injuria a Dios: “la vida es un don dado al hombre por Dios y sujeto a su divina potestad que mata y da la vida. Por tanto el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo... A sólo Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida...” (Santo Tomás).
Pío XII lo calificó de “signo de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana” (discurso del 18/II/58).
El Concilio Vaticano II lo colocó con otros delitos que atentan contra la vida misma, juzgados como “cosas... vergonzosas” que “atentan la civilidad humana... y constituyen el más grave insulto al Creador” (Gaudium et spes, 27).
En la Declaración sobre la eutanasia (26/VI/80) se afirma: “La muerte voluntaria, es decir, el suicidio, es inaceptable a la par que el homicidio. Toda la doctrina del Magisterio ha sido resumida por el Catecismo Universal en los nn. 2280-2283.
La Sagrada Escritura no se ocupa de él pero es legítimo verlo incluido en el mandamiento que dice: No matar (Ex 20,13).
Ya San Agustín lo había interpretado de tal manera: “No es lícito matarse, ya que esto se debe entender como incluido en el precepto No matar, sin ningún agregado.
No matar, por tanto, ni a otro ni a ti mismo. Porque efectivamente, quien se mata a sí mismo, mata a un hombre” (De civitate Dei, I,20).
En cuanto al así llamado suicidio indirecto (es decir, quien pierde la vida a causa de otra acción, como el médico o la religiosa que se contagia gravemente atendiendo enfermos y muere por esta razón) es también ilícito, a no ser con causa gravemente proporcionada.
Aunque la acción que indirectamente produzca la muerte pueda no ser mala o incluso buena (como en el ejemplo dado: el acto de caridad de cuidar un enfermo gravemente contagioso), se requiere causa justa y proporcionada para permitir la propia muerte.
Es lícito arriesgar apelando al principio de doble efecto; en este caso, las condiciones que debe reunir la acción, para ser lícita, han de ser:
1º que la acción u omisión sea buena o indiferente;
2º que se siga también un efecto bueno (y con la misma o mayor inmediatez del malo);
3º que solo se intente el bueno;
4º que haya una causa proporcionada (como puede ser el bien de la patria, el bien espiritual ajeno, el ejercicio de una virtud, etc.).
b) El juicio sobre la responsabilidad subjetiva
Otra cosa es la valoración de la responsabilidad moral del suicida. Hasta el siglo pasado era común juzgar al suicida como responsable de su gesto, y por tanto, culpable de su acción. Hoy en día, tanto la situación social, cuanto la formación moral del hombre moderno, obligan a tener otros criterios de valoración.
Dicho de otro modo:
1º dada la situación social potencialmente cargada de mentalidad suicida;
2º dado el elevado número de sujetos psíquicamente frágiles e incluso disturbados mentalmente;
3º y dado, por último, los escasos o casi nulos valores morales que pueden contrarrestar la mentalidad antivida reinante...
... podría admitirse que: en los casos en que faltan elementos para juzgar que un suicidio es plenamente voluntario, puede presumirse que la persona que se ha quitado la vida no ha gozado de suficiente responsabilidad moral, o incluso, en algunos casos, ha sido totalmente irresponsable.
Se podría decir que, en muchos casos, lo que debe demostrarse es la “total responsabilidad” del suicida.
De todos modos, hay que decir que en muchos casos sí hay ciertos elementos que pueden servir de guía para elaborar un cierto juicio sobre la responsabilidad objetiva del suicida (dejando, por supuesto, el juicio último únicamente a Dios).
Así, por ejemplo, indican responsabilidad plena en un suicidio: el hecho de que éste haya sido preparado fríamente, o por largo tiempo, o con motivaciones precisas, o por una persona psíquicamente sana.
También el que la decisión haya madurado dentro de una concepción de vida en la que no hay lugar para Dios o en la cual no se encuentra sentido a la vida por principios filosóficos (aunque sean vulgares).
En cambio, son indicios de responsabilidad incompleta: el suicidio impulsivo, el suicidio realizado bajo el shock de una tragedia, el suicidio ocurrido en contraste con toda una vida o una concepción de vida en la cual no parece haber lugar para el mismo, o, finalmente, el suicidio realizado por sujetos psíquicamente alterados.
3.- Responsabilidad social
Gran responsabilidad por el fenómeno del suicidio corresponde a la misma sociedad, en cuanto ejerce o permite influencias que llevan a tal desenlace. Entre estos elementos cabe señalar:
a) La disgregación de los grupos primarios, especialmente la familia; la desaparición o al menos el enrarecimiento de las relaciones familiares (con el consecuente predominio de las relaciones de tipo funcional y utilitaristas) conducen al aislamiento de los individuos, condenándolos a afrontar solitariamente los problemas personales más profundos de la persona.
b) La proposición de “valores” que no satisfacen las exigencias más profundas del alma (bienestar, afirmación personal, riqueza, hedonismo, culto de la personalidad, el divismo o idolatrización de algunos personajes públicos).
c) La negligencia en formar el carácter de sus miembros con una educación humana auténtica. Esto, en vez de robustecer las estructuras psíquicas, las debilita. Surgen de aquí notables debilidades psíquicas.
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UN MENSAJE PARA REFLEXIONAR (CREYENTES O NO)
Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E.
Fuente: El Teólogo Responde
¿Todos los suicidas se van al infierno?
¿Es el suicidio un acto humano?
Lo que debe demostrarse es la “total responsabilidad” del suicida.
¿Todos los suicidas se van al infierno?
Lo que impide a una persona entrar o no al cielo (es decir salvarse o no salvarse) es el morir en estado de gracia, o sea, sin pecado mortal.
Para que una persona cometa pecado mortal es condición necesaria:
1º que haya materia grave (este es el elemento objetivo de todo pecado)
2º que tenga conciencia plena de que es algo grave y
3º que consienta perfectamente al acto grave (estas últimas condiciones son los elementos subjetivos que se requieren para que haya un acto sustancialmente humano).
En el caso del suicidio se trata ciertamente de materia grave, pues la vida humana (la propia y la ajena) son bienes fundamentales de la persona custodiados por los mandamientos de la ley natural y por los diez mandamientos de la Ley divina.
Hay que ver luego, en cada caso particular, si la persona estaba en plena posesión de sus facultades como para hacer un acto plenamente humano.
A continuación trataré de esbozar los principios generales para poder hacer un juicio aproximado de este doloroso fenómeno (se puede consultar lo siguiente en: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, cuestión 64, 5; LINO CICCONE, Non Uccidere, Ed. Ares, Milán 1988, p. 107ss; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2280-2283).
1. Nociones y datos generales
El suicidio consiste propiamente en producirse la muerte a sí mismo por propia iniciativa o autoridad, ya sea mediante una acción o una omisión.
Se divide en suicidio directo e indirecto, según la muerte se intente directamente o sólo sea permitida buscando otra finalidad (como quien, intentando salvar a otra persona, arriesga su vida y muere).
Lo consideraron lícito por principios filosóficos Hume, Montesquieu, Bentham, Schopenhauer, Nietzsche, algunos estoicos como Séneca; más cercano a nuestros tiempos, el existencialismo hizo de él un valor positivo, como “la última libertad de la vida” (Jaspers). Algunos lo han defendido por cuestiones de honor patriótico, militar o personal.
Los datos estadísticos son escalofriantes, aun teniendo en cuenta que los datos oficiales son inferiores a la realidad.
La relación que suele establecerse entre suicidios efectivos e intentos de suicidio varía según los diversos autores que se consulte: unos dicen que se llega a un suicidio cada tres intentos; otros afirman que por cada suicidio hay diez intentos fallidos; por tanto, como término medio, puede decirse que por cada suicidio hay al menos cinco intentos frustrados.
Ahora bien, la OMS (Organización Mundial para la Salud) indicaba en 1976, que cada día se suicidan en el mundo 1000 personas (lo que indicaría que otras 4000 o 5000 lo intentan sin llegar a él); aproximadamente 500.000 lo hacen por año (y por tanto, 2.500.000 quedan en el intento).
2. Juicio moral
La tradición cristiana, la doctrina del Magisterio y la reflexión teológica no han tenido ninguna duda sobre la inadmisiblidad moral del suicidio. Si ha habido alguna evolución ha sido sólo en torno a la valoración de la culpabilidad y responsabilidad subjetiva del que se suicida o intenta hacerlo.
Para no hacer un juicio erróneo, es necesario distinguir entre el juicio “objetivo” sobre el suicidio, y el juicio sobre “la responsabilidad subjetiva” del suicidio.
a) Valoración objetiva del suicidio
Como ya ha indicado Santo Tomás, el suicidio directo, objetivamente considerado, es un acto gravemente ilícito, por tres razones principales:
1º Porque es contrario a la inclinación natural (ley natural) y a la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo.
2º Porque hace injuria a la sociedad a la cual el hombre pertenece y a la que su acto mutila: la priva injustamente de uno de sus miembros que debería colaborar al bien común.
3º Porque injuria a Dios: “la vida es un don dado al hombre por Dios y sujeto a su divina potestad que mata y da la vida. Por tanto el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo... A sólo Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida...” (Santo Tomás).
Pío XII lo calificó de “signo de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana” (discurso del 18/II/58).
El Concilio Vaticano II lo colocó con otros delitos que atentan contra la vida misma, juzgados como “cosas... vergonzosas” que “atentan la civilidad humana... y constituyen el más grave insulto al Creador” (Gaudium et spes, 27).
En la Declaración sobre la eutanasia (26/VI/80) se afirma: “La muerte voluntaria, es decir, el suicidio, es inaceptable a la par que el homicidio. Toda la doctrina del Magisterio ha sido resumida por el Catecismo Universal en los nn. 2280-2283.
La Sagrada Escritura no se ocupa de él pero es legítimo verlo incluido en el mandamiento que dice: No matar (Ex 20,13).
Ya San Agustín lo había interpretado de tal manera: “No es lícito matarse, ya que esto se debe entender como incluido en el precepto No matar, sin ningún agregado.
No matar, por tanto, ni a otro ni a ti mismo. Porque efectivamente, quien se mata a sí mismo, mata a un hombre” (De civitate Dei, I,20).
En cuanto al así llamado suicidio indirecto (es decir, quien pierde la vida a causa de otra acción, como el médico o la religiosa que se contagia gravemente atendiendo enfermos y muere por esta razón) es también ilícito, a no ser con causa gravemente proporcionada.
Aunque la acción que indirectamente produzca la muerte pueda no ser mala o incluso buena (como en el ejemplo dado: el acto de caridad de cuidar un enfermo gravemente contagioso), se requiere causa justa y proporcionada para permitir la propia muerte.
Es lícito arriesgar apelando al principio de doble efecto; en este caso, las condiciones que debe reunir la acción, para ser lícita, han de ser:
1º que la acción u omisión sea buena o indiferente;
2º que se siga también un efecto bueno (y con la misma o mayor inmediatez del malo);
3º que solo se intente el bueno;
4º que haya una causa proporcionada (como puede ser el bien de la patria, el bien espiritual ajeno, el ejercicio de una virtud, etc.).
b) El juicio sobre la responsabilidad subjetiva
Otra cosa es la valoración de la responsabilidad moral del suicida. Hasta el siglo pasado era común juzgar al suicida como responsable de su gesto, y por tanto, culpable de su acción. Hoy en día, tanto la situación social, cuanto la formación moral del hombre moderno, obligan a tener otros criterios de valoración.
Dicho de otro modo:
1º dada la situación social potencialmente cargada de mentalidad suicida;
2º dado el elevado número de sujetos psíquicamente frágiles e incluso disturbados mentalmente;
3º y dado, por último, los escasos o casi nulos valores morales que pueden contrarrestar la mentalidad antivida reinante...
... podría admitirse que: en los casos en que faltan elementos para juzgar que un suicidio es plenamente voluntario, puede presumirse que la persona que se ha quitado la vida no ha gozado de suficiente responsabilidad moral, o incluso, en algunos casos, ha sido totalmente irresponsable.
Se podría decir que, en muchos casos, lo que debe demostrarse es la “total responsabilidad” del suicida.
De todos modos, hay que decir que en muchos casos sí hay ciertos elementos que pueden servir de guía para elaborar un cierto juicio sobre la responsabilidad objetiva del suicida (dejando, por supuesto, el juicio último únicamente a Dios).
Así, por ejemplo, indican responsabilidad plena en un suicidio: el hecho de que éste haya sido preparado fríamente, o por largo tiempo, o con motivaciones precisas, o por una persona psíquicamente sana.
También el que la decisión haya madurado dentro de una concepción de vida en la que no hay lugar para Dios o en la cual no se encuentra sentido a la vida por principios filosóficos (aunque sean vulgares).
En cambio, son indicios de responsabilidad incompleta: el suicidio impulsivo, el suicidio realizado bajo el shock de una tragedia, el suicidio ocurrido en contraste con toda una vida o una concepción de vida en la cual no parece haber lugar para el mismo, o, finalmente, el suicidio realizado por sujetos psíquicamente alterados.
3.- Responsabilidad social
Gran responsabilidad por el fenómeno del suicidio corresponde a la misma sociedad, en cuanto ejerce o permite influencias que llevan a tal desenlace. Entre estos elementos cabe señalar:
a) La disgregación de los grupos primarios, especialmente la familia; la desaparición o al menos el enrarecimiento de las relaciones familiares (con el consecuente predominio de las relaciones de tipo funcional y utilitaristas) conducen al aislamiento de los individuos, condenándolos a afrontar solitariamente los problemas personales más profundos de la persona.
b) La proposición de “valores” que no satisfacen las exigencias más profundas del alma (bienestar, afirmación personal, riqueza, hedonismo, culto de la personalidad, el divismo o idolatrización de algunos personajes públicos).
c) La negligencia en formar el carácter de sus miembros con una educación humana auténtica. Esto, en vez de robustecer las estructuras psíquicas, las debilita. Surgen de aquí notables debilidades psíquicas.
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jueves, 15 de septiembre de 2011
La actitud en el duelo -
La actitud en el duelo - Ángela Ortiz Pérez madre de Marta
"La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida y somos nosotros quienes elegimos los colores".
Adam J. Jackson
Los padres que hemos perdido un hijo podemos caer muy fácilmente en la apatía y mostrar una serie de conductas atípicas que surgen como defensa a nuestro dolor.
Objetivamente nuestra forma de actuar entra dentro de una clasificación lógica y natural, pero pasado un tiempo que no podemos especificar, lo esperado es que volvamos a reinsertarnos en la normalidad que teníamos antes del suceso. Por consiguiente, a lo largo del proceso de duelo, nuestro estado de sufrimiento experimentará cambios muy significativos que nos conducirán hacia una estabilidad. De no ser así, habría que cuestionarse si existen otros condicionantes además de la pérdida sufrida.
Nuestro duelo no es una enfermedad mental ni entra dentro de ninguna patología específica. Podemos sentirnos abordados por la angustia y dejarnos vencer por el malestar al centrar nuestra mente únicamente en el hijo que nos falta, pero estamos sanos para poder vislumbrar nuestra manera de actuar y de sentir. Es por ello, por lo que a pesar de esa tendencia a la apatía, debemos armarnos de valor y ponernos en activo; entendiendo por activo, al padre o madre que aún permitiéndose sufrir se pone en disposición de sanar su herida.
La terapia que necesitamos no entra dentro de ninguna escuela psicológica porque va más allá de toda técnica. Las técnicas nos podrán aportar grandes beneficios ayudándonos a esclarecer sentimientos y a retomar modelos de conductas en un momento dado; pero nuestro dolor obedece a una sintomatología tan particular, que podemos convertir en terapia casi todo lo que hagamos durante el día si vamos con la finalidad de salir del atolladero, o desestimar todo avance si pensamos que ya nada tiene solución.
Experimentamos un desajuste emocional tan intenso que requerimos de una ayuda inmediata, porque de no ser así corremos el riesgo de convertir en crónico nuestro sufrimiento con todas las repercusiones negativas que conlleva. Nos pueden ayudar mucho las personas que hayan pasado por lo mismo que nosotros o las que sintonicen compasivamente con nuestro malestar, pero la mejor terapia de todas es la que nos proporcionemos nosotros mismos. Ésta nos viene dada por una fuerza que todos poseemos pero que no todos estamos dispuestos a utilizar: La actitud positiva.
Al mencionar la palabra actitud me gustaría aclarar que lo que determina nuestros sentimientos sobre los sucesos que ocurren en nuestras vidas no son los propios sucesos en sí, sino el significado que le damos a éstos. Y aunque nos resulte paradójico, una forma de afrontar la tragedia es hallando algo positivo que tenga cierto significado en el dolor que nos aflige.
La actitud es la manera en que nos enfrentamos a un problema determinado. En nuestro caso, si tenemos la valentía de pensar que se puede "vivir" con lo que nos ha acontecido, y nos ponemos manos a la obra para comenzar a buscar soluciones, saldremos adelante. Pero si nos dejamos llevar por la apatía encerrándonos en nuestro dolor y pensando que ya nunca más volveremos a disfrutar de la vida, puede suceder que siempre llevemos presente el sello de nuestra desgracia.
La actitud no es algo que podamos manejar gustosamente a nuestra antojo; si fuese así nadie se deprimiría, y todo el mundo elegiría la opción que menos daño le produjese.
En términos generales, e independientemente de las muchas posibilidades que se puedan dar, lo más común es que haya personas tendentes a mostrar una actitud positiva ante determinadas desgracias, y otras que muestren todo lo contrario.
Evidentemente, esa manera de actuar se refleja en el duelo por un hijo. Por consiguiente, los padres que tengan una buena capacidad para resolver conflictos y hayan vivido con una actitud positiva, lo tendrán más fácil que los que no lo han hecho así; porque estos, en su paso por la vida habrán ido adquiriendo actitudes negativas que les van a incidir verdaderamente en su problema.
Si nos preguntamos ¿Por qué me ha tenido que pasar esto? ¿Qué voy a hacer yo ahora?... entramos en una dinámica debilitante que genera sentimientos de autocompasión, desesperación y depresión. Por el contrario, si en lugar de esas cuestiones nos planteamos otras más gratificantes, nuestros sentimientos serán muy diferentes. En nuestro caso, al ser inevitable hacernos todo tipo de planteamientos, lo más conveniente es tener siempre una buena respuesta, que nos pueda sacar de la aflicción.
No obstante, y a pesar de toda la negatividad que podamos plantearnos, estoy convencida que la muerte de un hijo nos puede abrir un amplio abanico de discernimiento con el que muy posiblemente no contábamos antes del suceso. Además, por tratarse de un el hecho tan tremendo que extraordinariamente revoluciona nuestros pensamientos y emociones, se da la paradoja de que podríamos tener una oportunidad manifiesta para poder trabajarnos y renovarnos. Se que muchos padres podrán pensar que esa oportunidad estaría de más si su hijo estuviese presente, pero la muerte es una realidad que hay que afrontar de la mejor manera.
Para experimentar un cambio es muy importante aprender a darnos cuenta de lo que sentimos, y poner nombre a los sentimientos tratando de especificarlos claramente. De esa manera, lograremos comprendernos mejor y nos evitaremos daños innecesarios.
El proceso de pensamiento no es otra cosa que una serie de preguntas que nos planteamos consciente o inconscientemente desde que nos levantamos, las preguntas generan respuestas y las respuestas producen sentimientos.
Decir por ejemplo: "Me siento culpable, víctima" "Siento que he fracasado o que me han traicionado" "Siento envidia, rabia, ira, ganas de destruirlo todo, de que le pase algo malo al que me ha hecho daño"… son sentimientos muy comunes en el duelo que aunque no lo ejecutemos necesitamos definirlos para poder analizarlos. Lo importante es no engañarnos nunca. Pasado el tiempo, y una vez que estemos en disposición de poder hacerlo, habría que ir cambiando esas ideas que dan origen a tanta angustia, y comprobar que muy probablemente nos la ha generado porque nos hemos estado haciendo las preguntas de manera equivocada. No se trata de obligarnos a sentir de otro modo, sino de estar a gusto con lo que sentimos, y eso sólo se consigue a través de plantearnos un buen propósito que nos convenza.
También para experimentar un cambio es fundamental el análisis y visión de nuestra vida pasada, tratando de conocer y reconocer límites y condicionamientos externos que hayan podido influir en nosotros. Pero esta observación ha de llevarse a cabo sin críticas, sin sentimientos de culpabilidad hacia nosotros mismos o hacia los demás, sólo observando como han surgido o surgen los comportamientos por muy absurdos, negativos o dantescos que nos parezcan, y dándole al dolor lo que es capaz de soportar y a la mente lo que es capaz discernir.
En definitiva, dos actividades básicas para encontrar un equilibrio durante el duelo pueden ser muy bien la de ir sanando nuestra herida profunda mediante el análisis de nuestro sufrimiento por un lado, y la de tratar de restaurar nuestra personalidad dañada mediante el análisis de nuestra expresión vital por otro. Si lo hacemos así, con toda seguridad nos daremos cuenta que volveremos a reencontrarnos de nuevo, e incluso muy probablemente más evolucionados de lo que estábamos antes del suceso.
Contenido Hay algo peor que perder un hijo – Gustavo y Alicia Berti
Para muchos padres la muerte de un hijo es el camino que conduce a su destrucción."
“¿Debemos utilizar el tiempo para elaborar emociones y sentimientos y quedarnos en la persona psicológica, o debemos prestar más atención a la indescriptible capacidad del hombre para oponerse y enfrentarse a esos sentimientos y emociones y acceder así a la persona espiritual?
¿Perdemos un hijo y nos vamos a conformar con que nos consuelen para que se nos vaya ese dolor o vamos a empezar a recorrer el verdadero camino de humanización?
Podemos poner en actividad las potencias dormidas.”
“Podemos rescatar el recuerdo de nuestros hijos con amor y no con dolor. ¡Qué hermoso poder recordar a nuestros hijos con amor y no con dolor!”
El texto completo en nuestra página Renacer en Internet.
Nuevo libro para descargar, enviado por Eduardo Mena de Renacer Costa Rica, “Para mejorar tu relación con lo que han muerto” de Víctor Manuel Fernandez, en la Sección PARA LEER en nuestra página. http://www.grupos-renacer.com/
En la misma sección, se puede descargar “Un año sin mi hijo” de Susana Rofriguez Garcia, una mamá de Renacer.
"La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra vida y somos nosotros quienes elegimos los colores".
Adam J. Jackson
Los padres que hemos perdido un hijo podemos caer muy fácilmente en la apatía y mostrar una serie de conductas atípicas que surgen como defensa a nuestro dolor.
Objetivamente nuestra forma de actuar entra dentro de una clasificación lógica y natural, pero pasado un tiempo que no podemos especificar, lo esperado es que volvamos a reinsertarnos en la normalidad que teníamos antes del suceso. Por consiguiente, a lo largo del proceso de duelo, nuestro estado de sufrimiento experimentará cambios muy significativos que nos conducirán hacia una estabilidad. De no ser así, habría que cuestionarse si existen otros condicionantes además de la pérdida sufrida.
Nuestro duelo no es una enfermedad mental ni entra dentro de ninguna patología específica. Podemos sentirnos abordados por la angustia y dejarnos vencer por el malestar al centrar nuestra mente únicamente en el hijo que nos falta, pero estamos sanos para poder vislumbrar nuestra manera de actuar y de sentir. Es por ello, por lo que a pesar de esa tendencia a la apatía, debemos armarnos de valor y ponernos en activo; entendiendo por activo, al padre o madre que aún permitiéndose sufrir se pone en disposición de sanar su herida.
La terapia que necesitamos no entra dentro de ninguna escuela psicológica porque va más allá de toda técnica. Las técnicas nos podrán aportar grandes beneficios ayudándonos a esclarecer sentimientos y a retomar modelos de conductas en un momento dado; pero nuestro dolor obedece a una sintomatología tan particular, que podemos convertir en terapia casi todo lo que hagamos durante el día si vamos con la finalidad de salir del atolladero, o desestimar todo avance si pensamos que ya nada tiene solución.
Experimentamos un desajuste emocional tan intenso que requerimos de una ayuda inmediata, porque de no ser así corremos el riesgo de convertir en crónico nuestro sufrimiento con todas las repercusiones negativas que conlleva. Nos pueden ayudar mucho las personas que hayan pasado por lo mismo que nosotros o las que sintonicen compasivamente con nuestro malestar, pero la mejor terapia de todas es la que nos proporcionemos nosotros mismos. Ésta nos viene dada por una fuerza que todos poseemos pero que no todos estamos dispuestos a utilizar: La actitud positiva.
Al mencionar la palabra actitud me gustaría aclarar que lo que determina nuestros sentimientos sobre los sucesos que ocurren en nuestras vidas no son los propios sucesos en sí, sino el significado que le damos a éstos. Y aunque nos resulte paradójico, una forma de afrontar la tragedia es hallando algo positivo que tenga cierto significado en el dolor que nos aflige.
La actitud es la manera en que nos enfrentamos a un problema determinado. En nuestro caso, si tenemos la valentía de pensar que se puede "vivir" con lo que nos ha acontecido, y nos ponemos manos a la obra para comenzar a buscar soluciones, saldremos adelante. Pero si nos dejamos llevar por la apatía encerrándonos en nuestro dolor y pensando que ya nunca más volveremos a disfrutar de la vida, puede suceder que siempre llevemos presente el sello de nuestra desgracia.
La actitud no es algo que podamos manejar gustosamente a nuestra antojo; si fuese así nadie se deprimiría, y todo el mundo elegiría la opción que menos daño le produjese.
En términos generales, e independientemente de las muchas posibilidades que se puedan dar, lo más común es que haya personas tendentes a mostrar una actitud positiva ante determinadas desgracias, y otras que muestren todo lo contrario.
Evidentemente, esa manera de actuar se refleja en el duelo por un hijo. Por consiguiente, los padres que tengan una buena capacidad para resolver conflictos y hayan vivido con una actitud positiva, lo tendrán más fácil que los que no lo han hecho así; porque estos, en su paso por la vida habrán ido adquiriendo actitudes negativas que les van a incidir verdaderamente en su problema.
Si nos preguntamos ¿Por qué me ha tenido que pasar esto? ¿Qué voy a hacer yo ahora?... entramos en una dinámica debilitante que genera sentimientos de autocompasión, desesperación y depresión. Por el contrario, si en lugar de esas cuestiones nos planteamos otras más gratificantes, nuestros sentimientos serán muy diferentes. En nuestro caso, al ser inevitable hacernos todo tipo de planteamientos, lo más conveniente es tener siempre una buena respuesta, que nos pueda sacar de la aflicción.
No obstante, y a pesar de toda la negatividad que podamos plantearnos, estoy convencida que la muerte de un hijo nos puede abrir un amplio abanico de discernimiento con el que muy posiblemente no contábamos antes del suceso. Además, por tratarse de un el hecho tan tremendo que extraordinariamente revoluciona nuestros pensamientos y emociones, se da la paradoja de que podríamos tener una oportunidad manifiesta para poder trabajarnos y renovarnos. Se que muchos padres podrán pensar que esa oportunidad estaría de más si su hijo estuviese presente, pero la muerte es una realidad que hay que afrontar de la mejor manera.
Para experimentar un cambio es muy importante aprender a darnos cuenta de lo que sentimos, y poner nombre a los sentimientos tratando de especificarlos claramente. De esa manera, lograremos comprendernos mejor y nos evitaremos daños innecesarios.
El proceso de pensamiento no es otra cosa que una serie de preguntas que nos planteamos consciente o inconscientemente desde que nos levantamos, las preguntas generan respuestas y las respuestas producen sentimientos.
Decir por ejemplo: "Me siento culpable, víctima" "Siento que he fracasado o que me han traicionado" "Siento envidia, rabia, ira, ganas de destruirlo todo, de que le pase algo malo al que me ha hecho daño"… son sentimientos muy comunes en el duelo que aunque no lo ejecutemos necesitamos definirlos para poder analizarlos. Lo importante es no engañarnos nunca. Pasado el tiempo, y una vez que estemos en disposición de poder hacerlo, habría que ir cambiando esas ideas que dan origen a tanta angustia, y comprobar que muy probablemente nos la ha generado porque nos hemos estado haciendo las preguntas de manera equivocada. No se trata de obligarnos a sentir de otro modo, sino de estar a gusto con lo que sentimos, y eso sólo se consigue a través de plantearnos un buen propósito que nos convenza.
También para experimentar un cambio es fundamental el análisis y visión de nuestra vida pasada, tratando de conocer y reconocer límites y condicionamientos externos que hayan podido influir en nosotros. Pero esta observación ha de llevarse a cabo sin críticas, sin sentimientos de culpabilidad hacia nosotros mismos o hacia los demás, sólo observando como han surgido o surgen los comportamientos por muy absurdos, negativos o dantescos que nos parezcan, y dándole al dolor lo que es capaz de soportar y a la mente lo que es capaz discernir.
En definitiva, dos actividades básicas para encontrar un equilibrio durante el duelo pueden ser muy bien la de ir sanando nuestra herida profunda mediante el análisis de nuestro sufrimiento por un lado, y la de tratar de restaurar nuestra personalidad dañada mediante el análisis de nuestra expresión vital por otro. Si lo hacemos así, con toda seguridad nos daremos cuenta que volveremos a reencontrarnos de nuevo, e incluso muy probablemente más evolucionados de lo que estábamos antes del suceso.
Contenido Hay algo peor que perder un hijo – Gustavo y Alicia Berti
Para muchos padres la muerte de un hijo es el camino que conduce a su destrucción."
“¿Debemos utilizar el tiempo para elaborar emociones y sentimientos y quedarnos en la persona psicológica, o debemos prestar más atención a la indescriptible capacidad del hombre para oponerse y enfrentarse a esos sentimientos y emociones y acceder así a la persona espiritual?
¿Perdemos un hijo y nos vamos a conformar con que nos consuelen para que se nos vaya ese dolor o vamos a empezar a recorrer el verdadero camino de humanización?
Podemos poner en actividad las potencias dormidas.”
“Podemos rescatar el recuerdo de nuestros hijos con amor y no con dolor. ¡Qué hermoso poder recordar a nuestros hijos con amor y no con dolor!”
El texto completo en nuestra página Renacer en Internet.
Nuevo libro para descargar, enviado por Eduardo Mena de Renacer Costa Rica, “Para mejorar tu relación con lo que han muerto” de Víctor Manuel Fernandez, en la Sección PARA LEER en nuestra página. http://www.grupos-renacer.com/
En la misma sección, se puede descargar “Un año sin mi hijo” de Susana Rofriguez Garcia, una mamá de Renacer.
En Busca de Un Lenguaje Común
Agradezco al grupo Renacer sus aportaciones y las comparto porque es un material que nos ayuda a sobrellevar el Duelo.
Boletin Grupos Renacer - No. 111
Un Aporte en Busca de Un Lenguaje Común –
Es propio de la ESENCIA DE RENACER no hacer ninguna diferencia con respecto a la causa de la muerte de sus hijos y partir de este hecho, que es lo que verdaderamente une a todos los padres, trabajar sobre la transformación que representa para el futuro de nuestras vidas, la perdida sufrida.
Sin embargo, es frecuente que se pregunte a los padres con más experiencia, cómo tratar a aquellos papás cuyos hijos se han suicidado, y aún más, pues en el encuentro de Huerta Grande 2008 se ha formulado la pregunta ¿por qué no nos referimos siempre al suicidio con el término suicidio?
Ante tal pregunta Gustavo Berti dijo: “No hay nada de malo en decir “yo perdí un hijo por suicidio” y agrega “en última instancia cada papá o mamá lo nombrará como mejor le parezca.”
En esta respuesta hay por lo menos una apertura al uso de “un leguaje común”; suponemos que Berti intuye que es posible, también en este caso, utilizar la capacidad de hacer las cosas distintas a como parecen ser o dicho de otra manera, para ver las cosas distintas a lo que aparentan ser por los paradigmas vigentes relativos en este caso al suicidio.
Paradigmas a los que Jasper describe con precisión al decir “todos los despotismos, todas las iglesias, toda violencia que salió del hombre y pasó por el hombre, han rechazado con horror el suicidio.”
Conocemos el caso de un padre de Renacer que acudió a un cura en procura de consuelo y el cura le dijo: “su hijo está en el infierno.”
En busca de un leguaje común, nos atrevemos a realizar una reflexión acerca del uso de la palabra suicidio en los grupos Renacer.
Nos arriesgamos a que pueda tildarse de “eufemismo”, es decir, según el diccionario, “una forma de expresar con decoro, conceptos cuya franca expresión se considere dura o desagradable”, aún ante ese riesgo, si usamos términos menos duros o menos desagradables, nos acercaríamos más a lo que nos inspira el amor al ser querido que toma esa decisión, fuente de nuestra intuición.
Siguiendo a Víctor Frankl, que proclama como esencial en el hombre su libertad y su consecuente responsabilidad, Gustavo Berti nos dice: “Si decimos que el hombre es un ser libre, podríamos preguntarnos inmediatamente ¿Cuál es el límite de esa libertad? ¿A dónde termina? ¿Tiene una persona derecho a determinar cuál va a ser el momento en que su vida tenga final? ¿O la libertad llega hasta ahí y ya no es libre para decidir?”
La palabra “suicidio” deriva del latín y significa “matarse a sí mismo” de la misma manera que fratricida significa “matar a un hermano”, homicidio “matar a otro ser humano” y así sucesivamente, de donde “suicidio” es sinónimo estricto de “matarse”.
¿Podemos ligar el ejercicio de la suprema libertad de disponer de su propia vida, al sentido atribuido a la palabra “suicidio”, nacida en la misma época en la que Platón sostenía que las palabras ocultan más sobre la naturaleza interna de las cosas de lo que revelan?
Precisamente, la palabra “suicidio”, al dejar oculta la libertad implícita en la decisión de quien asume la actitud de librarse de su cuerpo, oculta más de lo que revela de la naturaleza interna del hecho que pretende describir.
Por el contrario, Jasper le asigna dignidad a tal decisión cuando dice: “En el hecho de que el hombre, sólo el hombre, pueda quitarse la vida con una decisión clara, pura, sin enturbamiento por los afectos, sino más bien siendo fiel a sí mismo, en este hecho reside su dignidad.”
¿Podemos afirmar, entonces, que la palabra “suicido” respeta al ser humano libre y digno?
Nosotros, Ana y Enrique, tenemos una experiencia al respecto, vivida antes de saber que existía Víctor Frankl, Jasper o los Grupos Renacer.
Cuando, luego de varios intentos frustrados, nuestro hijo Enriquito, partió como se diría en términos orientales, o dicho en términos usado en occidente, “cometió suicidio”, intuimos que él estaba ejerciendo su derecho a liberarse de su propio cuerpo y, entonces, en un libro que titulamos “Sueños de Libertad”, en la última página bajo el título “Camino a la Libertad”, expresamos lo siguiente:
“De tu mano recorrimos todos los senderos en busca de la luz... nos detuvimos en cada estación... en cada piedra del camino... golpeamos todas las puertas, tocamos todos los timbres.
Tú veías que los capítulos de tu vida estaban inconclusos... en el deporte, en el canto, en la cerámica, en el trabajo, en el estudio, en la religión, en el amor...
Debo cerrar mis capítulos, dijiste una y otra vez... y yo veía que los fantasmas rondaban tu mente y mi mente.
A cada instante lo leía en tus ojos que, profundos y tristes, me miraban como pidiendo permiso y perdón a la vez... para irte de nuestro lado...
Yo siempre te negué el permiso, pero no te negaría jamás el perdón.
Mi corazón ya lo ha hecho.
Esta mañana salimos a buscar flores para mi jardín, como en la adolescencia y tú aprovechaste para irte... en silencio...
Luego besamos tu cuerpo tibio aún...
Por siempre recordaremos la serenidad en tu rostro, tu risa que aún retumba en nuestros oídos, tu mirada, tu estampa y la bondad de todo tu ser.
Fue un acto de amor de tu parte sustraernos al dolor de cada instante, para quedar alojado para siempre en nuestros corazones.
Y allí, después de llorarte con ansias, te adoraremos, por siempre, con amor.
Así se manifiesta Dios en ti y en nosotros.
Y si detrás de cada sufrimiento hay una enseñanza... gracias por habernos enseñado a amar como te amaremos de hoy hasta la eternidad.
En libertad; como tú querías.”
Dos años después, el 31 de octubre de 1995, asistimos por primera vez a una reunión de Renacer y cuando una mamá nos hizo la ficha de ingreso, al preguntarnos la causa de la partida de nuestro hijo, Ana adelantándose dijo: “Por decisión propia”, lo cual fue una sorpresa pues nunca lo había comentado anteriormente.
¿Que resortes de la intuición pudieron inducir a una madre a decir impensadamente “por decisión propia” en lugar de suicidio?”
Cuando la madre que hacía la ficha escuchó la expresión “por decisión propia”, levantó la vista y miró con una expresión de dulzura en sus ojos.
Desde entonces, desterramos de nuestro vocabulario la palabra suicidio.
A partir de esta reflexión se nos hace cuesta arriba aceptar la reiteración con que en Renacer se insiste en la sumisión a la palabra suicidio equivalente a “matarse”, tan alejada de la libertad que preside la esencia de Renacer como una nueva cultura, basada en ver que las cosas pueden no ser como parecen ser y, a partir de ahí, mejorarlas dando un salto a la categoría de lo moral, en la que no sólo se inicia, sino que también se cierra el fenómeno de la ayuda mutua.
Por eso, en busca de un lenguaje común, levantamos hoy nuestra voz en procura de darle un significado más profundo a esa decisión tan extrema, desechando los paradigmas que pretenden determinarnos.
Quizá sea necesario tener una experiencia existencial para captar la diferencia o, en su caso, aceptar la intuición de quienes hemos pasado por este trance.
Quizá, para ello sea necesario llegar a descubrir el verdadero significado de la expresión tantas veces oída en Renacer “la fuerza indómita del espíritu”, que podría estar amaneciendo en la cultura occidental, sintetizado en la expresión del científico Brian Weiss, a través de este pensamiento: “No somos seres humanos que estamos viviendo una experiencia espiritual, si no que somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana.”
Con todo Cariño:
Ana y Enrique
Boletin Grupos Renacer - No. 111
Un Aporte en Busca de Un Lenguaje Común –
Es propio de la ESENCIA DE RENACER no hacer ninguna diferencia con respecto a la causa de la muerte de sus hijos y partir de este hecho, que es lo que verdaderamente une a todos los padres, trabajar sobre la transformación que representa para el futuro de nuestras vidas, la perdida sufrida.
Sin embargo, es frecuente que se pregunte a los padres con más experiencia, cómo tratar a aquellos papás cuyos hijos se han suicidado, y aún más, pues en el encuentro de Huerta Grande 2008 se ha formulado la pregunta ¿por qué no nos referimos siempre al suicidio con el término suicidio?
Ante tal pregunta Gustavo Berti dijo: “No hay nada de malo en decir “yo perdí un hijo por suicidio” y agrega “en última instancia cada papá o mamá lo nombrará como mejor le parezca.”
En esta respuesta hay por lo menos una apertura al uso de “un leguaje común”; suponemos que Berti intuye que es posible, también en este caso, utilizar la capacidad de hacer las cosas distintas a como parecen ser o dicho de otra manera, para ver las cosas distintas a lo que aparentan ser por los paradigmas vigentes relativos en este caso al suicidio.
Paradigmas a los que Jasper describe con precisión al decir “todos los despotismos, todas las iglesias, toda violencia que salió del hombre y pasó por el hombre, han rechazado con horror el suicidio.”
Conocemos el caso de un padre de Renacer que acudió a un cura en procura de consuelo y el cura le dijo: “su hijo está en el infierno.”
En busca de un leguaje común, nos atrevemos a realizar una reflexión acerca del uso de la palabra suicidio en los grupos Renacer.
Nos arriesgamos a que pueda tildarse de “eufemismo”, es decir, según el diccionario, “una forma de expresar con decoro, conceptos cuya franca expresión se considere dura o desagradable”, aún ante ese riesgo, si usamos términos menos duros o menos desagradables, nos acercaríamos más a lo que nos inspira el amor al ser querido que toma esa decisión, fuente de nuestra intuición.
Siguiendo a Víctor Frankl, que proclama como esencial en el hombre su libertad y su consecuente responsabilidad, Gustavo Berti nos dice: “Si decimos que el hombre es un ser libre, podríamos preguntarnos inmediatamente ¿Cuál es el límite de esa libertad? ¿A dónde termina? ¿Tiene una persona derecho a determinar cuál va a ser el momento en que su vida tenga final? ¿O la libertad llega hasta ahí y ya no es libre para decidir?”
La palabra “suicidio” deriva del latín y significa “matarse a sí mismo” de la misma manera que fratricida significa “matar a un hermano”, homicidio “matar a otro ser humano” y así sucesivamente, de donde “suicidio” es sinónimo estricto de “matarse”.
¿Podemos ligar el ejercicio de la suprema libertad de disponer de su propia vida, al sentido atribuido a la palabra “suicidio”, nacida en la misma época en la que Platón sostenía que las palabras ocultan más sobre la naturaleza interna de las cosas de lo que revelan?
Precisamente, la palabra “suicidio”, al dejar oculta la libertad implícita en la decisión de quien asume la actitud de librarse de su cuerpo, oculta más de lo que revela de la naturaleza interna del hecho que pretende describir.
Por el contrario, Jasper le asigna dignidad a tal decisión cuando dice: “En el hecho de que el hombre, sólo el hombre, pueda quitarse la vida con una decisión clara, pura, sin enturbamiento por los afectos, sino más bien siendo fiel a sí mismo, en este hecho reside su dignidad.”
¿Podemos afirmar, entonces, que la palabra “suicido” respeta al ser humano libre y digno?
Nosotros, Ana y Enrique, tenemos una experiencia al respecto, vivida antes de saber que existía Víctor Frankl, Jasper o los Grupos Renacer.
Cuando, luego de varios intentos frustrados, nuestro hijo Enriquito, partió como se diría en términos orientales, o dicho en términos usado en occidente, “cometió suicidio”, intuimos que él estaba ejerciendo su derecho a liberarse de su propio cuerpo y, entonces, en un libro que titulamos “Sueños de Libertad”, en la última página bajo el título “Camino a la Libertad”, expresamos lo siguiente:
“De tu mano recorrimos todos los senderos en busca de la luz... nos detuvimos en cada estación... en cada piedra del camino... golpeamos todas las puertas, tocamos todos los timbres.
Tú veías que los capítulos de tu vida estaban inconclusos... en el deporte, en el canto, en la cerámica, en el trabajo, en el estudio, en la religión, en el amor...
Debo cerrar mis capítulos, dijiste una y otra vez... y yo veía que los fantasmas rondaban tu mente y mi mente.
A cada instante lo leía en tus ojos que, profundos y tristes, me miraban como pidiendo permiso y perdón a la vez... para irte de nuestro lado...
Yo siempre te negué el permiso, pero no te negaría jamás el perdón.
Mi corazón ya lo ha hecho.
Esta mañana salimos a buscar flores para mi jardín, como en la adolescencia y tú aprovechaste para irte... en silencio...
Luego besamos tu cuerpo tibio aún...
Por siempre recordaremos la serenidad en tu rostro, tu risa que aún retumba en nuestros oídos, tu mirada, tu estampa y la bondad de todo tu ser.
Fue un acto de amor de tu parte sustraernos al dolor de cada instante, para quedar alojado para siempre en nuestros corazones.
Y allí, después de llorarte con ansias, te adoraremos, por siempre, con amor.
Así se manifiesta Dios en ti y en nosotros.
Y si detrás de cada sufrimiento hay una enseñanza... gracias por habernos enseñado a amar como te amaremos de hoy hasta la eternidad.
En libertad; como tú querías.”
Dos años después, el 31 de octubre de 1995, asistimos por primera vez a una reunión de Renacer y cuando una mamá nos hizo la ficha de ingreso, al preguntarnos la causa de la partida de nuestro hijo, Ana adelantándose dijo: “Por decisión propia”, lo cual fue una sorpresa pues nunca lo había comentado anteriormente.
¿Que resortes de la intuición pudieron inducir a una madre a decir impensadamente “por decisión propia” en lugar de suicidio?”
Cuando la madre que hacía la ficha escuchó la expresión “por decisión propia”, levantó la vista y miró con una expresión de dulzura en sus ojos.
Desde entonces, desterramos de nuestro vocabulario la palabra suicidio.
A partir de esta reflexión se nos hace cuesta arriba aceptar la reiteración con que en Renacer se insiste en la sumisión a la palabra suicidio equivalente a “matarse”, tan alejada de la libertad que preside la esencia de Renacer como una nueva cultura, basada en ver que las cosas pueden no ser como parecen ser y, a partir de ahí, mejorarlas dando un salto a la categoría de lo moral, en la que no sólo se inicia, sino que también se cierra el fenómeno de la ayuda mutua.
Por eso, en busca de un lenguaje común, levantamos hoy nuestra voz en procura de darle un significado más profundo a esa decisión tan extrema, desechando los paradigmas que pretenden determinarnos.
Quizá sea necesario tener una experiencia existencial para captar la diferencia o, en su caso, aceptar la intuición de quienes hemos pasado por este trance.
Quizá, para ello sea necesario llegar a descubrir el verdadero significado de la expresión tantas veces oída en Renacer “la fuerza indómita del espíritu”, que podría estar amaneciendo en la cultura occidental, sintetizado en la expresión del científico Brian Weiss, a través de este pensamiento: “No somos seres humanos que estamos viviendo una experiencia espiritual, si no que somos seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana.”
Con todo Cariño:
Ana y Enrique
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Padres en Proceso de Duelo es un espacio para compartir...
Te invitamos a formar parte de esta Comunidad de ayuda mutua, para Padres en Proceso de Duelo; nos une la pérdida de uno o más de nuestos hijos, así mismo aquellos hermanos, familiares que comparten con nosotros está nueva e inevitable, etapa de nuestra vida, porque después de ésto la vida nos cambia y queremos que sea para ser mejores seres humanos... y aprendamos a compartir todo...empezando por el dolor... hasta la forma como nos estamos recuperando.
Padres en Proceso de Duelo es un espacio para compartir, hablar, reflexionar y escribir nuestras experiencias vividas hasta el día de hoy...el mañana el tiempo lo dirá...
En Padres en Proceso de Duelo te proponemos un "Un cómo hacerlo" a través de 7 niveles de "Crecimiento Existencial y transformacíón del dolor"
Padres en Proceso de Duelo es un espacio para compartir, hablar, reflexionar y escribir nuestras experiencias vividas hasta el día de hoy...el mañana el tiempo lo dirá...
En Padres en Proceso de Duelo te proponemos un "Un cómo hacerlo" a través de 7 niveles de "Crecimiento Existencial y transformacíón del dolor"
Sabrás...

Sabrás del dolor y de la pena de estar con muchos, pero vacío...
Sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días...
Sabrás de la espera sin paz y de aguardar con miedo...
Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder y someten sin compasión...
Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós...
Sabrás que ya es tarde y casi siempre imposible...
Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir...
Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan...
Pero sabrás también:
Que el dolor redime...
Que la soledad cura...
Que la fe agranda...
Que la esperanza sostiene...
Que la humildad ennoblece...
Que la perseverancia templa...
Que el olvido mitiga...
Que el perdón fortalece...
Que el recuerdo acompaña...
Que la razón guía...
Que el Amor dignifica...
Porque lo único que verdaderamente vale es aquello que está dentro de ti, y por encima de todo esta Dios.
"Descubrelo y así hallaras la verdadera Paz"
Les prestaré a uno de mis hijos...
El Señor dijo:
Les prestaré a uno de mis hijos durante algún tiempo, para que lo amen mientras viva y lo lloren cuando muera. Pueden ser seis o siete años, o veintidos o veintitres.
Pero ¿Podrán cuidarlo por mi hasta que yo lo vuelva a llamar?Les alegrará con sus encantos, pero su estancia será breve.
Tendrán sus hermosos recuerdos como consuelo para su dolor.
No puedo prometerles que se quedará, ya que todo lo de la tierraregresa.
He buscado por todo el mundo verdaderos maestros y, de las multitudes que llenan las filas de la vida, Yo los he elegido a ustedes.
Le darán todo su amor sin pensar en lo infructuoso del esfuerzo.
Tampoco me odien en el momento que vaya a llamarlo, a traerlo nuevamente conmigo.
He creído escucharles decir:"Querido Señor, hagase tu voluntad. Por toda la alegría que tu hijonos traerá, correremos el riesgo del sufrimiento.
Lo abrigaremos con ternura, lo amaremos mientras nos permitas y, por la felicidad que hemos conocido, siempre te estaremos agradecidos... Pero, si los ángeles lo llaman mucho antes de lo que deseamos, soportaremos la amarga pena y trataremos de entender"
"GRACIAS SEÑOR POR LA OPORTUNIDAD QUE TUVIMOS DE TENERLOEN NUESTROS BRAZOS, HABERLO PODIDO BESAR Y DECIRLE CUÁNTO LO QUEREMOS"