Biopsychology.orgBiopsychology.org
Emoción y sufrimiento
V.J. Wukmir, 1967.
http://www.biopsychology.org/wukmir/eys/eys1.htm
Primera parte
Los elementos de la orientación vital
1.-Glosa sobre el método
2. La emoción
3. La valoración
4. El patotropismo y la formaAp
5.-Glosa sobre la persona
Segunda parte
Hacia las fronteras de ladesorientación vital
6. La orexis y la patología
7. Esquizorexia
8. Klonorexia
9. Klinorexia
10. Kurtorexia
11. Anankorexia
12. Erizorexias
13. Ektrorexia
14. Hybrorexia
Glosa final
Otros
lunes 5 de octubre de 2009
El lenguaje del sufrimento
Cuando sufrimos el duelo producido por una muerte, separación o pérdida de cualquier índole, es como si nos metiéramos en un espacio totalmente oscuro, nos aterramos y entramos en un laberinto emocional, en el cual nuestro niño interno queda en la más completa desolación. En nuestra cultura poco se nos explicó de la muerte. A todos, sin excepción nos toca pasar por alguno de estos trances que involucra pérdida, separación o muerte y que maravilloso sería tener en esos momentos una buena linterna para librarnos de tanta oscuridad, o simplemente prestar esa luz a alguien que en nuestro entorno la necesite. Cuando se va alguien de la vida, sentimos la muerte en cada entraña, en cada célula, y el panorama que vemos sólo revela sombras. Aprender a caminar en medio de éstas, limpiar nuestros archivos emocionales, perdonar nuestra rabia porque se fue; será lo único que nos permita no encerrar nuestro corazón en una jaula o ponernos una larga armadura que nos proteja o inhiba de vivir alguna experiencia emocional nueva. Vamos a vivir la emoción, honrar la experiencia para convertirla en vivencia, limpiar dentro de ti las culpas o reproches y darle a la persona o suceso el lugar que le corresponde en tu mundo emocional, de modo tal que no impida tu felicidad.
Carlos FragaUn viejo doctor en medicina general me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle?
Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le espeté la siguiente pregunta:
-¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?
-¡Oh!, -dijo, ¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!
A lo que le repliqué:
-Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte.
El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio.
Dr. Viktor Frankl
Aunque muchos se nieguen a aceptarlo, la muerte es un acontecimiento natural. Tarde o temprano, todos morimos, y sin embargo la mayoría de nosotros preferimos no pensar en ello.
Esta actitud evasiva se refleja en el lenguaje: hablamos de «pasar a mejor vida», de «descansar en paz» o de «encontrarse con el Creador», no de «morir».
Aunque podamos racionalizar la idea de la muerte, son pocos quienes aceptan la muerte de todo corazón como una fase inevitable de la vida.
La mayoría sólo nos percatamos de la necesidad de esta aceptación cuando súbita e inesperadamente un ser querido o alguien muy próximo muere. Entonces nos enfrentamos a un fuerte desafío.
Guardo un vivo recuerdo del día en que mi tío me llamó por teléfono desde Irán para darme la noticia de la muerte de mi abuela. Entonces yo vivía en Italia y no pude asistir al funeral. Compungido y deprimido, la lloré varios días.
Me imaginaba a la abuela y entonces me estremecía de nuevo al constatar que nunca volvería a verla. También me sentía culpable por no haber respondido adecuadamente al amor y los sacrificios que dedicó a mi familia.
Por suerte, contaba con un grupo de amigos y parientes. Ellos fueron mi equipo de apoyo. Siempre dispuestos a escucharme y ofrecerme el hombro, me ayudaron en mi aflicción, por más que la mayor parte del tiempo se limitaran a prestarme atención.
Otra muerte que me afectó sobremanera fue la de mi padre. Murió tras siete años de sufrimientos a consecuencia de un accidente de automóvil. A pesar de que a lo largo de los dos últimos años su salud se había deteriorado drásticamente, la noticia me conmocionó. Pocos meses antes de morir sufrió un infarto.
Los médicos nos dijeron que su cuerpo era tan frágil que efectuar un masaje cardíaco en caso de emergencia le habría roto las costillas, causándole más daño. Aconsejaron a la familia que autorizara por escrito a no resucitar a mi padre en caso de emergencia, permitiéndole morir. La familia lo discutió y aceptó el consejo de los médicos.
Cuando él estaba enfermo, jamás pensé que su muerte dejaría un vacío tan grande en mi vida. Creía que estaría acostumbrado a su ausencia, pues pasó en cama el último año de su vida sin poder articular palabra. Lo único que podía hacer era mostrar que percibía mi presencia con una sonrisa o gesto de asentimiento.
No me daba cuenta de lo mucho que lo echaría de menos. Hasta después de su muerte no me percaté de la poderosa presencia que suponía en mi vida.
Aunque su cuerpo y su mente agonizaran, su espíritu me había afectado vivamente durante mis visitas. ¿Cómo explicar, si no, esa sensación de vacío que siguió a su desaparición?
Durante las primeras semanas después de la muerte de mi padre, soñaba con él todas las noches. Algunos de esos sueños eran plácidos y otros pesadillas perturbadoras.
Gradualmente, a lo largo de un período de tres a cuatro meses, los sueños se fueron haciendo menos frecuentes. Parece como si el subconsciente hubiera necesitado ese lapso de tiempo para resolver sus asuntos pendientes.
La vida es un viaje interminable de crecimiento y desarrollo, y la muerte no significa forzosamente el final de la vida. Esta creencia me ayudó a aceptar la muerte de mi padre. Me ayudó a recordar que ahora estaría más cerca de mí que cuando estaba postrado en la cama.
Ahora su espíritu se vería libre de las limitaciones de un cuerpo y una mente debilitados. No dejó de ser mi padre al morir: sigue siendo mi padre y sigo siendo su hijo. Nuestra relación filial ha proseguido en un nivel más elevado.
Los sentimientos que acompañan a la aflicción -conmoción, negación, cólera, culpa, depresión- son naturales e inevitables, pero son nuestras respuestas ante semejante experiencia las que marcan la diferencia y pueden transformar el significado del acontecimiento más trágico.
Estamos a cargo de nuestras emociones y comportamiento. Quizá no seamos capaces de evitar la muerte de un ser amado, pero podemos elegir la forma de responder ante ella.
Podemos responder con actitud destructiva, llorando sin cesar, negándonos a comer o a ocuparnos de nuestra salud, mostrándonos agresivos con los demás o con nosotros mismos, o abusando de las drogas y el alcohol. O bien podemos responder de formas más creativas y espirituales.
Si tenemos creencias religiosas, podemos recuperar el equilibrio mediante la fe en el Creador y la vida del alma después de la muerte. Podemos rezar, hablar y manifestar nuestras emociones creativamente, aceptar la muerte como un «mensaje de alegría» y contemplar nuestra aflicción como una prueba de crecimiento espiritual.
Dr. Arthur Rowshan
Cuando tenía seis años, yo tenía neumonía y compartía mi habitación en el hospital con otra niña. Nadie entraba a vernos ni a hablar con nosotras de nada. Hablábamos un poco una con otra, pero la mayor parte de nuestra conversación era no verbal.
Una noche, antes de irnos a dormir, no intercambiamos ninguna palabra. Pero yo sentí que se estaba produciendo una comunicación entre nuestras mentes. Al recordarlo, veo que fue una comunicación telepática. Ella me decía que iba a morir esa noche. Cuando me desperté al día siguiente, su cama estaba vacía. Se había ido. Más tarde me enteré de que efectivamente había muerto. Sentí su presencia conmigo, y ese día supe con certeza que somos algo más que cuerpos.
Elisabeth Kübler-Ross
Me pregunto por qué ella tuvo que sufrir tanto en aquel avanzado estado de melanoma. Sabía que el sufrimiento era una de las alforjas de aquel viaje y que siempre conducía a una mayor satisfacción. Sin embargo, seguía preguntándome ¿por qué? ¿por qué le ha ocurrido a esta hermosa mujer a la que tanto amor profeso? Al adentrarse en los últimos momentos de su vida, comprendí que la tranquilidad había hecho mella en mi madrastra, de que sus ojos mostraban una mirada serena y satisfecha a un tiempo y de que daba la impresión de penetrar en un nuevo reino colmado de dicha, al desprenderse de su cuerpo. Ya no padecía sufrimiento alguno, pues el dolor sólo se experimenta en la forma. Ella era libre.
Ram Dass
Todos somos seres humanos con capacidad de decisión, y decidimos en mayor o menor grado hacer todo lo que hacemos. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo, cada expectativa y cada expresión es fruto de una decisión que en su mayor parte se toma de forma subconsciente.
Erik Blumenthal
Lágrimas, que ahogan mi corazónLágrimas, palabras del almaLágrimas, mi mudo lenguaje de amor
Cristian Castro
Carlos FragaUn viejo doctor en medicina general me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas ¿De qué forma podía ayudarle? ¿Qué decirle?
Pues bien, me abstuve de decirle nada y en vez de ello le espeté la siguiente pregunta:
-¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?
-¡Oh!, -dijo, ¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!
A lo que le repliqué:
-Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte.
El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio.
Dr. Viktor Frankl
Aunque muchos se nieguen a aceptarlo, la muerte es un acontecimiento natural. Tarde o temprano, todos morimos, y sin embargo la mayoría de nosotros preferimos no pensar en ello.
Esta actitud evasiva se refleja en el lenguaje: hablamos de «pasar a mejor vida», de «descansar en paz» o de «encontrarse con el Creador», no de «morir».
Aunque podamos racionalizar la idea de la muerte, son pocos quienes aceptan la muerte de todo corazón como una fase inevitable de la vida.
La mayoría sólo nos percatamos de la necesidad de esta aceptación cuando súbita e inesperadamente un ser querido o alguien muy próximo muere. Entonces nos enfrentamos a un fuerte desafío.
Guardo un vivo recuerdo del día en que mi tío me llamó por teléfono desde Irán para darme la noticia de la muerte de mi abuela. Entonces yo vivía en Italia y no pude asistir al funeral. Compungido y deprimido, la lloré varios días.
Me imaginaba a la abuela y entonces me estremecía de nuevo al constatar que nunca volvería a verla. También me sentía culpable por no haber respondido adecuadamente al amor y los sacrificios que dedicó a mi familia.
Por suerte, contaba con un grupo de amigos y parientes. Ellos fueron mi equipo de apoyo. Siempre dispuestos a escucharme y ofrecerme el hombro, me ayudaron en mi aflicción, por más que la mayor parte del tiempo se limitaran a prestarme atención.
Otra muerte que me afectó sobremanera fue la de mi padre. Murió tras siete años de sufrimientos a consecuencia de un accidente de automóvil. A pesar de que a lo largo de los dos últimos años su salud se había deteriorado drásticamente, la noticia me conmocionó. Pocos meses antes de morir sufrió un infarto.
Los médicos nos dijeron que su cuerpo era tan frágil que efectuar un masaje cardíaco en caso de emergencia le habría roto las costillas, causándole más daño. Aconsejaron a la familia que autorizara por escrito a no resucitar a mi padre en caso de emergencia, permitiéndole morir. La familia lo discutió y aceptó el consejo de los médicos.
Cuando él estaba enfermo, jamás pensé que su muerte dejaría un vacío tan grande en mi vida. Creía que estaría acostumbrado a su ausencia, pues pasó en cama el último año de su vida sin poder articular palabra. Lo único que podía hacer era mostrar que percibía mi presencia con una sonrisa o gesto de asentimiento.
No me daba cuenta de lo mucho que lo echaría de menos. Hasta después de su muerte no me percaté de la poderosa presencia que suponía en mi vida.
Aunque su cuerpo y su mente agonizaran, su espíritu me había afectado vivamente durante mis visitas. ¿Cómo explicar, si no, esa sensación de vacío que siguió a su desaparición?
Durante las primeras semanas después de la muerte de mi padre, soñaba con él todas las noches. Algunos de esos sueños eran plácidos y otros pesadillas perturbadoras.
Gradualmente, a lo largo de un período de tres a cuatro meses, los sueños se fueron haciendo menos frecuentes. Parece como si el subconsciente hubiera necesitado ese lapso de tiempo para resolver sus asuntos pendientes.
La vida es un viaje interminable de crecimiento y desarrollo, y la muerte no significa forzosamente el final de la vida. Esta creencia me ayudó a aceptar la muerte de mi padre. Me ayudó a recordar que ahora estaría más cerca de mí que cuando estaba postrado en la cama.
Ahora su espíritu se vería libre de las limitaciones de un cuerpo y una mente debilitados. No dejó de ser mi padre al morir: sigue siendo mi padre y sigo siendo su hijo. Nuestra relación filial ha proseguido en un nivel más elevado.
Los sentimientos que acompañan a la aflicción -conmoción, negación, cólera, culpa, depresión- son naturales e inevitables, pero son nuestras respuestas ante semejante experiencia las que marcan la diferencia y pueden transformar el significado del acontecimiento más trágico.
Estamos a cargo de nuestras emociones y comportamiento. Quizá no seamos capaces de evitar la muerte de un ser amado, pero podemos elegir la forma de responder ante ella.
Podemos responder con actitud destructiva, llorando sin cesar, negándonos a comer o a ocuparnos de nuestra salud, mostrándonos agresivos con los demás o con nosotros mismos, o abusando de las drogas y el alcohol. O bien podemos responder de formas más creativas y espirituales.
Si tenemos creencias religiosas, podemos recuperar el equilibrio mediante la fe en el Creador y la vida del alma después de la muerte. Podemos rezar, hablar y manifestar nuestras emociones creativamente, aceptar la muerte como un «mensaje de alegría» y contemplar nuestra aflicción como una prueba de crecimiento espiritual.
Dr. Arthur Rowshan
Cuando tenía seis años, yo tenía neumonía y compartía mi habitación en el hospital con otra niña. Nadie entraba a vernos ni a hablar con nosotras de nada. Hablábamos un poco una con otra, pero la mayor parte de nuestra conversación era no verbal.
Una noche, antes de irnos a dormir, no intercambiamos ninguna palabra. Pero yo sentí que se estaba produciendo una comunicación entre nuestras mentes. Al recordarlo, veo que fue una comunicación telepática. Ella me decía que iba a morir esa noche. Cuando me desperté al día siguiente, su cama estaba vacía. Se había ido. Más tarde me enteré de que efectivamente había muerto. Sentí su presencia conmigo, y ese día supe con certeza que somos algo más que cuerpos.
Elisabeth Kübler-Ross
Me pregunto por qué ella tuvo que sufrir tanto en aquel avanzado estado de melanoma. Sabía que el sufrimiento era una de las alforjas de aquel viaje y que siempre conducía a una mayor satisfacción. Sin embargo, seguía preguntándome ¿por qué? ¿por qué le ha ocurrido a esta hermosa mujer a la que tanto amor profeso? Al adentrarse en los últimos momentos de su vida, comprendí que la tranquilidad había hecho mella en mi madrastra, de que sus ojos mostraban una mirada serena y satisfecha a un tiempo y de que daba la impresión de penetrar en un nuevo reino colmado de dicha, al desprenderse de su cuerpo. Ya no padecía sufrimiento alguno, pues el dolor sólo se experimenta en la forma. Ella era libre.
Ram Dass
Todos somos seres humanos con capacidad de decisión, y decidimos en mayor o menor grado hacer todo lo que hacemos. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada deseo, cada expectativa y cada expresión es fruto de una decisión que en su mayor parte se toma de forma subconsciente.
Erik Blumenthal
Lágrimas, que ahogan mi corazónLágrimas, palabras del almaLágrimas, mi mudo lenguaje de amor
Cristian Castro
martes 11 de agosto de 2009
Sobre el Cómo Ayudarnos y Ayudar a Otros a Enfrentar la Muerte de un Ser Querido
Esta vez les recomiendo una página que localice acerca del Duelo, me pareció muy interesante y por eso la anexo al blogger: "Padres en Proceso de Duelo, Un ángel nos une" así como en su foro filial http://padresenduelo.foroactivo.net/forum.htm
EL DUELO
Sobre el Cómo Ayudarnos y Ayudar a Otros a Enfrentar la Muerte de un Ser Querido
Biblioteca Básica de Tanatología
Autor: Dr. J. Montoya Carrasquilla, MD, MSc
http://montedeoya.homestead.com/duelos.html
Aunque la experiencia de la pérdida de una persona amada es parte inevitable de la vida adulta, aunque la probabilidad de tal pérdida aumenta cuando el individuo se envejece o cuando se vive en zonas de mucha violencia, aun cuando sabemos que es una experiencia traumática y muy dolorosa, TODOS SABEMOS QUE PERDER UN SER QUERIDO ES UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS GRAVES QUE PUEDEN SUCEDERNOS
"En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele"
J. Montoya Carrasquilla, 1998
Dr. J. MONTOYA CARRASQUILLA
FORMACIÓN ACADEMICA
Licenciado en Medicina y Cirugía por el Instituto de Ciencias de la Salud (CES; Medellín, Colombia) el 23 de Noviembre de 1984 (promoción 1984). Homologación al título español de Licenciado en Medicina y Cirugía N1 001139/1053. Número de Colegiado 41/12.909. Tarjeta Profesional de Médico-Registro Médico (Colombia): 01-199/1986. Título de Especialista en Gerontología Clínica y Experimental-Psicogerontólogo (gerontopsiquiatra) por la Universidad Autónoma de Madrid (Instituto Universitario de Investigación Gerontológica y Metabólica, Hospital de la Princesa; promoción 1987-1991), homologado a Magister en Investigación Gerontológica con énfasis en Psicogerontología por el ICFES (resolución 00226 del 18 de Febrero de 1999). Formación en Cuidados Paliativos e Intervención Psicosocial en Enfermos Terminales por el ICEPSS, promoción 1994-1995. Promotor de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de La Princesa, Madrid, y de posterior creación.
http://montedeoya.homestead.com/cv.html
DECÁLOGO DEL ACOMPAÑANTE DE DUELO
Para aquellos que quieren acompañar y ayudar a otros que han perdido seres queridos
1. Leeré y me informaré de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. De esta forma mi ayuda será más efectiva.
2. Permitiré y animaré la expresión de los sentimientos de dolor y tristeza por la pérdida del ser amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos.
3. Estarán siempre mis oídos atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los otros sentimientos que acompañan a la aflicción.
4. Prestare, indefinidamente y mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo para sostener la afligida existencia de mi hermano adolorido.
5. No esperaré a que el deudo busque ayuda, tomaré siempre la iniciativa visitándolo o llamándolo.
6. Contribuiré a que el apoyo y la comunicación efectiva de la familia sean los instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser amado.
7. Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo.
8. Estaré atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del duelo.
9. Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo.
10. Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de grupos de auto-ayuda en mi vecindario.
EL DUELO
Sobre el Cómo Ayudarnos y Ayudar a Otros a Enfrentar la Muerte de un Ser Querido
Biblioteca Básica de Tanatología
Autor: Dr. J. Montoya Carrasquilla, MD, MSc
http://montedeoya.homestead.com/duelos.html
Aunque la experiencia de la pérdida de una persona amada es parte inevitable de la vida adulta, aunque la probabilidad de tal pérdida aumenta cuando el individuo se envejece o cuando se vive en zonas de mucha violencia, aun cuando sabemos que es una experiencia traumática y muy dolorosa, TODOS SABEMOS QUE PERDER UN SER QUERIDO ES UNA DE LAS TRAGEDIAS MÁS GRAVES QUE PUEDEN SUCEDERNOS
"En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es TOTAL: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida, en su conjunto, duele"
J. Montoya Carrasquilla, 1998
Dr. J. MONTOYA CARRASQUILLA
FORMACIÓN ACADEMICA
Licenciado en Medicina y Cirugía por el Instituto de Ciencias de la Salud (CES; Medellín, Colombia) el 23 de Noviembre de 1984 (promoción 1984). Homologación al título español de Licenciado en Medicina y Cirugía N1 001139/1053. Número de Colegiado 41/12.909. Tarjeta Profesional de Médico-Registro Médico (Colombia): 01-199/1986. Título de Especialista en Gerontología Clínica y Experimental-Psicogerontólogo (gerontopsiquiatra) por la Universidad Autónoma de Madrid (Instituto Universitario de Investigación Gerontológica y Metabólica, Hospital de la Princesa; promoción 1987-1991), homologado a Magister en Investigación Gerontológica con énfasis en Psicogerontología por el ICFES (resolución 00226 del 18 de Febrero de 1999). Formación en Cuidados Paliativos e Intervención Psicosocial en Enfermos Terminales por el ICEPSS, promoción 1994-1995. Promotor de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital de La Princesa, Madrid, y de posterior creación.
http://montedeoya.homestead.com/cv.html
DECÁLOGO DEL ACOMPAÑANTE DE DUELO
Para aquellos que quieren acompañar y ayudar a otros que han perdido seres queridos
1. Leeré y me informaré de todo lo relacionado con el duelo, la aflicción y el luto. De esta forma mi ayuda será más efectiva.
2. Permitiré y animaré la expresión de los sentimientos de dolor y tristeza por la pérdida del ser amado, sin salir huyendo ante la expresión de los mismos.
3. Estarán siempre mis oídos atentos para escuchar el dolor, la tristeza, la rabia, la frustración, la soledad y todos los otros sentimientos que acompañan a la aflicción.
4. Prestare, indefinidamente y mientras sea necesario, mis hombros, mis brazos y mi pecho como consuelo para sostener la afligida existencia de mi hermano adolorido.
5. No esperaré a que el deudo busque ayuda, tomaré siempre la iniciativa visitándolo o llamándolo.
6. Contribuiré a que el apoyo y la comunicación efectiva de la familia sean los instrumentos más efectivos que faciliten la recuperación por la pérdida del ser amado.
7. Respetaré las diferencias individuales en la expresión del dolor y en la recuperación del mismo.
8. Estaré atento a la presencia de reacciones anormales o distorsionadas del duelo.
9. Animaré la realización de todas las actividades necesarias para la promoción, mantenimiento de la salud y prevención de enfermedades durante el duelo.
10. Una vez alcanzada la recuperación, animaré y colaboraré en el establecimiento de grupos de auto-ayuda en mi vecindario.
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Sabrás...

Sabrás del dolor y de la pena de estar con muchos, pero vacío...
Sabrás de la soledad de la noche y de la longitud de los días...
Sabrás de la espera sin paz y de aguardar con miedo...
Sabrás de la soberbia de aquellos que detentan el poder y someten sin compasión...
Sabrás de la deserción de los tuyos y de la impotencia del adiós...
Sabrás que ya es tarde y casi siempre imposible...
Sabrás que eres tú el que siempre da y sientes que pocas veces te toca recibir...
Sabrás que a menudo piensas distinto y tal vez no te entiendan...
Pero sabrás también:
Que el dolor redime...
Que la soledad cura...
Que la fe agranda...
Que la esperanza sostiene...
Que la humildad ennoblece...
Que la perseverancia templa...
Que el olvido mitiga...
Que el perdón fortalece...
Que el recuerdo acompaña...
Que la razón guía...
Que el Amor dignifica...
Porque lo único que verdaderamente vale es aquello que está dentro de ti, y por encima de todo esta Dios.
"Descubrelo y así hallaras la verdadera Paz"
Les prestaré a uno de mis hijos...

El Señor dijo:
Les prestaré a uno de mis hijos durante algún tiempo, para que lo amen mientras viva y lo lloren cuando muera. Pueden ser seis o siete años, o veintidos o veintitres.
Pero ¿Podrán cuidarlo por mi hasta que yo lo vuelva a llamar?Les alegrará con sus encantos, pero su estancia será breve.
Tendrán sus hermosos recuerdos como consuelo para su dolor.
No puedo prometerles que se quedará, ya que todo lo de la tierraregresa.
He buscado por todo el mundo verdaderos maestros y, de las multitudes que llenan las filas de la vida, Yo los he elegido a ustedes.
Le darán todo su amor sin pensar en lo infructuoso del esfuerzo.
Tampoco me odien en el momento que vaya a llamarlo, a traerlo nuevamente conmigo.
He creído escucharles decir:"Querido Señor, hagase tu voluntad. Por toda la alegría que tu hijonos traerá, correremos el riesgo del sufrimiento.
Lo abrigaremos con ternura, lo amaremos mientras nos permitas y, por la felicidad que hemos conocido, siempre te estaremos agradecidos... Pero, si los ángeles lo llaman mucho antes de lo que deseamos, soportaremos la amarga pena y trataremos de entender"
"GRACIAS SEÑOR POR LA OPORTUNIDAD QUE TUVIMOS DE TENERLOEN NUESTROS BRAZOS, HABERLO PODIDO BESAR Y DECIRLE CUÁNTO LO QUEREMOS"






